Campo Ardiendo
Poeta recién llegado
Mi padre ya estaba muerto para mí, pero lo maté de nuevo.
Aparecí en su velatorio.
Llegué agraciado. Con rosa roja en el pecho.
Traje negro y guante blanco,
DIOR, HOMME y bastón.
La gente mal vestida, de mal vivir,
mascullaba groserías de mí.
En silencio.
No decían nada pero…
Con ojos de idiotez, plena idiotez.
Tallado y barnizado,
como sus crueldades.
Lo vi.
Quedó tieso.
Atrapado entre balazos y heridas sangrantes.
Y los presentes aún murmuraban en el salón
Cuando hablamos le temblaban los huesos.
Aparecí en su velatorio.
Llegué agraciado. Con rosa roja en el pecho.
Traje negro y guante blanco,
DIOR, HOMME y bastón.
La gente mal vestida, de mal vivir,
mascullaba groserías de mí.
En silencio.
No decían nada pero…
Mordían mi figura con la mirada.
Con ojos de idiotez, plena idiotez.
Mi padre ahora, solo es un féretro barato,
de mal semblante.
Tallado y barnizado,
como sus crueldades.
Lo vi.
Quedó tieso.
Atrapado entre balazos y heridas sangrantes.
Y los presentes aún murmuraban en el salón
¿quién habrá matado a don Gregorio?
Y me queman sus miradas.
Y me queman sus miradas.
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