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Nada está inmóvil

penabad57

Poeta veterano en el portal
Sacuden las alas los pájaros del adiós.

El río vierte su savia en el flujo de abril
con la alegría que baja rumorosa
como si fuera un cascabel de cristales traslúcidos
atravesando las dunas del aire.

Tú bailas en la ciega noche sin la luz de las plazas
ni el neón que ayer vertía en tus hombros una nieve brillante
igual que un arco iris multiplicándose
en las olas de un resplandor furtivo.

La palabra cruza el árbol de los diálogos
y llega a ti como un colibrí llega al nido
que pronuncia tu nombre entre una multitud de nombres.

Mi corazón es una voz tímida que sigue el compás de un ritmo fiel
sin saber que algún día la ceniza del tiempo
acallará su monótono latir.

En toda flor hay un crepúsculo y en todo amanecer hay un olvido.
 
Sacuden las alas los pájaros del adiós.

El río vierte su savia en el flujo de abril
con la alegría que baja rumorosa
como si fuera un cascabel de cristales traslúcidos
atravesando las dunas del aire.

Tú bailas en la ciega noche sin la luz de las plazas
ni el neón que ayer vertía en tus hombros una nieve brillante
igual que un arco iris multiplicándose
en las olas de un resplandor furtivo.

La palabra cruza el árbol de los diálogos
y llega a ti como un colibrí llega al nido
que pronuncia tu nombre entre una multitud de nombres.

Mi corazón es una voz tímida que sigue el compás de un ritmo fiel
sin saber que algún día la ceniza del tiempo
acallará su monótono latir.

En toda flor hay un crepúsculo y en todo amanecer hay un olvido.
Una poesía que encierra una gran enseñanza.

Saludos
 
Sacuden las alas los pájaros del adiós.

El río vierte su savia en el flujo de abril
con la alegría que baja rumorosa
como si fuera un cascabel de cristales traslúcidos
atravesando las dunas del aire.

Tú bailas en la ciega noche sin la luz de las plazas
ni el neón que ayer vertía en tus hombros una nieve brillante
igual que un arco iris multiplicándose
en las olas de un resplandor furtivo.

La palabra cruza el árbol de los diálogos
y llega a ti como un colibrí llega al nido
que pronuncia tu nombre entre una multitud de nombres.

Mi corazón es una voz tímida que sigue el compás de un ritmo fiel
sin saber que algún día la ceniza del tiempo
acallará su monótono latir.

En toda flor hay un crepúsculo y en todo amanecer hay un olvido.
La vida se sostiene a pesar de todos nuestros esfuerzos. Un abrazo, Ramón.
 
Sacuden las alas los pájaros del adiós.

El río vierte su savia en el flujo de abril
con la alegría que baja rumorosa
como si fuera un cascabel de cristales traslúcidos
atravesando las dunas del aire.

Tú bailas en la ciega noche sin la luz de las plazas
ni el neón que ayer vertía en tus hombros una nieve brillante
igual que un arco iris multiplicándose
en las olas de un resplandor furtivo.

La palabra cruza el árbol de los diálogos
y llega a ti como un colibrí llega al nido
que pronuncia tu nombre entre una multitud de nombres.

Mi corazón es una voz tímida que sigue el compás de un ritmo fiel
sin saber que algún día la ceniza del tiempo
acallará su monótono latir.

En toda flor hay un crepúsculo y en todo amanecer hay un olvido.
Ese final me pateó las pelotas que iban rodando muy campantes entre esas riadas ágiles luminosas. Decía -o dice- un compatriota tuyo: la verdad no es triste; lo que no tiene es remedio.
Muchas gracias por compartir tanto bueno, amigo Ramón. Te dejo un gran abrazo.
 
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