Desde luego, ya había notado que tu imaginación es eso: imagen o conjunto de imágenes previas a la verbalización. Esto es un prodigio, en realidad, y supone una inteligencia muy por encima de lo que llaman "promedio". Quizás por eso te resulte fácil seguir la secuencia de un razonamiento no dado en los términos lógicos comunes, sino al estilo del cine: una imagen puede desvincularse por completo de otra, pero mantener el hilo conductor y el sentido. Aunque yo también suelo construir con imágenes, estas surgen a la par de un concepto verbalizado. Yo veo palabras, discursos, siempre estoy en diálogo continuo, medio consciente del proceso semiótico... y es triste porque pierdo muchos recuerdos o se deforman hasta convertirse en otra cosa.
Esto es lo que he tratado de evitar cuando te comento: mi propensión a la verborrea que ni yo mismo aguanto. En realidad, en torno a este poema que nos atañe construí toda una narrativa las veces que lo repasó, porque eso es lo que más disfruto de tus obras. Son para sentirse y fluir, pero ciertamente no con la sencillez de quien te dice: el agua de lluvia moja tus párpados. Contigo, con tus letras, debes tener una buena dosis de intuición, de manejar analogías, referencias y a colegir el significado por inferencia o sugerencia, más que por transferencia... Ok, ya ni te conté la narrativa, pero ya lo haré. Escribiré un ensayo y haré que lo leas, por hacerme gozar y hacerme sufrir con tus poemas, caramba.
La frase inicial del cuento El hombre de la multitud, de Poe, donde ya se encuentra el germen del existencialisto que descolló durante el siglo XX, dice así: "Bien se ha dicho de cierto libro alemán que er lässt sich nicht lesen -no se deja leer-. Hay ciertos secretos que no se dejan expresar. Hay hombres que mueren de noche en sus lechos, estrechando convulsivamente las manos de sus confesores [...]; mueren con la garganta apretada a causa de esos misterios que no permiten ser revelados". Así que de ilegibles, nada: tus textos no se dejan leer hasta que no encuentres cierta sincronía con su creadora.
Tengo sed, señorita Grace. Y ganas de saltar por la ventana (que está a cuarenta centímetros del suelo). Buenas noches.