Lee ann
Poeta recién llegado
No debes de tener miedo a los años
te lo dice quien suspira en tu ombligo
no vuelvas al espejo tu enemigo
pues en secreto el es tu admirador
Las arrugas que hoy surcan por tu frente
son huellas de tus gestos, que no mienten
que no sólo engendraste descendientes
que disfrutaste haciéndome el amor
La llama de tus ojos sigue ardiendo
mas no un fuego que abraza consumiendo
brazas que sólo el tiempo va encendiendo
es un fuego que brinda más calor
Tus pisadas ya no las borra el viento
y aunque tu caminar se hace más lento
dejas rastro de un suspirar violento
de aquel que tu camino a atravesó
La nieve que se posa en tu cabeza
no quiere que la tiñas por vergüenza
es evidencia que grita con fuerza
que al mundo le brindaste tu color
No hay nada que envidiar a los que empiezan
son cuerpos invadidos de furor
templada por la vida y la experiencia
la fuerza la cambiaste por amor
acuerdate, que la fruta es madura
cuando le debe al tiempo su sabor
te lo dice quien suspira en tu ombligo
no vuelvas al espejo tu enemigo
pues en secreto el es tu admirador
Las arrugas que hoy surcan por tu frente
son huellas de tus gestos, que no mienten
que no sólo engendraste descendientes
que disfrutaste haciéndome el amor
La llama de tus ojos sigue ardiendo
mas no un fuego que abraza consumiendo
brazas que sólo el tiempo va encendiendo
es un fuego que brinda más calor
Tus pisadas ya no las borra el viento
y aunque tu caminar se hace más lento
dejas rastro de un suspirar violento
de aquel que tu camino a atravesó
La nieve que se posa en tu cabeza
no quiere que la tiñas por vergüenza
es evidencia que grita con fuerza
que al mundo le brindaste tu color
No hay nada que envidiar a los que empiezan
son cuerpos invadidos de furor
templada por la vida y la experiencia
la fuerza la cambiaste por amor
acuerdate, que la fruta es madura
cuando le debe al tiempo su sabor