No eras de lunas en sombras idealizada
ni yo un sol que entre albas realzabas.
Éramos dos, de carne y tropiezos,
con abrazos honestos y días torcidos.
Castillos dorados no esperabas
ni yo juraba amores eternos.
Teníamos grietas, palabras a medias,
un cariño que ardía sin grandes comedias.
Pero llegó un eco de un mundo que miente,
que adora lo ausente, que exige lo perfecto.
Que quiere un amor como el resto
y no nuestro querer, tan libre y tangible.
Por no ser lo mismo nos dejaron vacíos
como si lo puro no pudiera ser sin mancilla.
Y yo, que aún te vivo en mi pecho callado,
sé que eras la vida real y, por eso, de mi apartada.
No éramos de cuentos, ni falta que hacía,
pero el mundo injusto tu amor me quita
y en mi alma persiste, terca, ésta verdad:
Un amor no mundano sigue siendo lealtad.
ni yo un sol que entre albas realzabas.
Éramos dos, de carne y tropiezos,
con abrazos honestos y días torcidos.
Castillos dorados no esperabas
ni yo juraba amores eternos.
Teníamos grietas, palabras a medias,
un cariño que ardía sin grandes comedias.
Pero llegó un eco de un mundo que miente,
que adora lo ausente, que exige lo perfecto.
Que quiere un amor como el resto
y no nuestro querer, tan libre y tangible.
Por no ser lo mismo nos dejaron vacíos
como si lo puro no pudiera ser sin mancilla.
Y yo, que aún te vivo en mi pecho callado,
sé que eras la vida real y, por eso, de mi apartada.
No éramos de cuentos, ni falta que hacía,
pero el mundo injusto tu amor me quita
y en mi alma persiste, terca, ésta verdad:
Un amor no mundano sigue siendo lealtad.
Última edición: