No hay laberintos, señora

saturno50

Poeta que considera el portal su segunda casa
¡No hay laberintos, señora!
más allá de la mirada ferviente
del soñador de pelo largo,
tal vez debería comprobarlo.
¿Qué laberintos, señora?
No existen cuando renunciamos a mirar atrás
para escoger las sendas nuevas por las viejas,
dilatando, si es preciso, las mentiras piadosas.
Ni están al volar a ras de tierra
atendiendo las razones con sus benevolencias.
No, cuando bordamos el amor con lágrimas de las memorias
y cambiamos el poder por la esperanza.
Si no es suficiente, señora, estiraremos a un cafre las patillas,
le colgaremos a la espalda su falsía
y, sin dejar de cerrar el ojo a la vida,
daremos sin demora un mordisco a la sabrosa fruta prohibida
aferrándonos enérgicos al surco trazado por las olas.
¡En serio, señora, no hay laberintos!
más allá de las vacías horas escogidas
porque todo puede ser, señora, si hacemos vía
negando abiertamente la renuncia
en esta soledad de impía letanía.

 
¡No hay laberintos, señora!
más allá de la mirada ferviente
del soñador de pelo largo,
tal vez debería comprobarlo.
¿Qué laberintos, señora?
No existen cuando renunciamos a mirar atrás
para escoger las sendas nuevas por las viejas,
dilatando, si es preciso, las mentiras piadosas.
Ni están al volar a ras de tierra
atendiendo las razones con sus benevolencias.
No, cuando bordamos el amor con lágrimas de las memorias
y cambiamos el poder por la esperanza.
Si no es suficiente, señora, estiraremos a un cafre las patillas,
le colgaremos a la espalda su falsía
y, sin dejar de cerrar el ojo a la vida,
daremos sin demora un mordisco a la sabrosa fruta prohibida
aferrándonos enérgicos al surco trazado por las olas.
¡En serio, señora, no hay laberintos!
más allá de las vacías horas escogidas
porque todo puede ser, señora, si hacemos vía
negando abiertamente la renuncia
en esta soledad de impía letanía.


Si le seguimos el juego a la mente nos encierra en un laberinto sin salida, más el corazón tiene alas para volar trás los sueños, que vida nueva son.
Sobrevolar laberintos de eso se trata amigo mío, porque es como caminar sobre un hilo al cruzar un precipicio, si miramos hacia abajo damos vida al precipicio, y perdemos de vista la meta que nos salvaría de él. ¡Mirada al frente! jejejeje. PRESENTE-AHORA...
Un gusto leerte querido compañero.
Alegre paz te acompañe.
Vidal
 
¡No hay laberintos, señora!
más allá de la mirada ferviente
del soñador de pelo largo,
tal vez debería comprobarlo.
¿Qué laberintos, señora?
No existen cuando renunciamos a mirar atrás
para escoger las sendas nuevas por las viejas,
dilatando, si es preciso, las mentiras piadosas.
Ni están al volar a ras de tierra
atendiendo las razones con sus benevolencias.
No, cuando bordamos el amor con lágrimas de las memorias
y cambiamos el poder por la esperanza.
Si no es suficiente, señora, estiraremos a un cafre las patillas,
le colgaremos a la espalda su falsía
y, sin dejar de cerrar el ojo a la vida,
daremos sin demora un mordisco a la sabrosa fruta prohibida
aferrándonos enérgicos al surco trazado por las olas.
¡En serio, señora, no hay laberintos!
más allá de las vacías horas escogidas
porque todo puede ser, señora, si hacemos vía
negando abiertamente la renuncia
en esta soledad de impía letanía.

Haberlos hailos pero hay que saber o poder encontrar la salida, a veces es diafana la cosa, otras no tanto. Me ha gustado mucho este poema en el que la pobre señora aguanta estoica todas las andanadas del poeta. Muy bueno amigo Saturno. Un abrazo. Paco.
 
¡No hay laberintos, señora!
más allá de la mirada ferviente
del soñador de pelo largo,
tal vez debería comprobarlo.
¿Qué laberintos, señora?
No existen cuando renunciamos a mirar atrás
para escoger las sendas nuevas por las viejas,
dilatando, si es preciso, las mentiras piadosas.
Ni están al volar a ras de tierra
atendiendo las razones con sus benevolencias.
No, cuando bordamos el amor con lágrimas de las memorias
y cambiamos el poder por la esperanza.
Si no es suficiente, señora, estiraremos a un cafre las patillas,
le colgaremos a la espalda su falsía
y, sin dejar de cerrar el ojo a la vida,
daremos sin demora un mordisco a la sabrosa fruta prohibida
aferrándonos enérgicos al surco trazado por las olas.
¡En serio, señora, no hay laberintos!
más allá de las vacías horas escogidas
porque todo puede ser, señora, si hacemos vía
negando abiertamente la renuncia
en esta soledad de impía letanía.


Buen poema, con un esplendido juego de metáforas.
 
Si le seguimos el juego a la mente nos encierra en un laberinto sin salida, más el corazón tiene alas para volar trás los sueños, que vida nueva son.
Sobrevolar laberintos de eso se trata amigo mío, porque es como caminar sobre un hilo al cruzar un precipicio, si miramos hacia abajo damos vida al precipicio, y perdemos de vista la meta que nos salvaría de él. ¡Mirada al frente! jejejeje. PRESENTE-AHORA...
Un gusto leerte querido compañero.
Alegre paz te acompañe.
Vidal
Gracias, Vital, como siempre que vienes a visitarme. Saludos y un abrazo de Saturno
 
Haberlos hailos pero hay que saber o poder encontrar la salida, a veces es diafana la cosa, otras no tanto. Me ha gustado mucho este poema en el que la pobre señora aguanta estoica todas las andanadas del poeta. Muy bueno amigo Saturno. Un abrazo. Paco.
Gracias, paco. Te mando un saludo y hasta pronto.
 
esplendido poema para aconsejar a la señora que
en muchas ocasiones nosotros ponemos dificultades
en el recorrer sentido de la vida. claridad de entrega
con incursion de excelentes imagenes. felicidades.
luzyabsenta
Gracias, luzyabsenta. Esto es precisamente lo que quería decir. Saludos cordiales de Saturno.
 
¡No hay laberintos, señora!
más allá de la mirada ferviente
del soñador de pelo largo,
tal vez debería comprobarlo.
¿Qué laberintos, señora?
No existen cuando renunciamos a mirar atrás
para escoger las sendas nuevas por las viejas,
dilatando, si es preciso, las mentiras piadosas.
Ni están al volar a ras de tierra
atendiendo las razones con sus benevolencias.
No, cuando bordamos el amor con lágrimas de las memorias
y cambiamos el poder por la esperanza.
Si no es suficiente, señora, estiraremos a un cafre las patillas,
le colgaremos a la espalda su falsía
y, sin dejar de cerrar el ojo a la vida,
daremos sin demora un mordisco a la sabrosa fruta prohibida
aferrándonos enérgicos al surco trazado por las olas.
¡En serio, señora, no hay laberintos!
más allá de las vacías horas escogidas
porque todo puede ser, señora, si hacemos vía
negando abiertamente la renuncia
en esta soledad de impía letanía.

Esplendido poema para aconsejar a la señora que
en muchas ocasiones nosotros ponemos dificultades
en el recorrer sentido de la vida. claridad de entrega
con incursion de excelentes imagenes. felicidades.
luzyabsenta
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba