Manuel Avilés Mora
Pluma libre
¡No me grites, viento!
¡No sofoques las voces que reclaman
mis soledades viejas!
Los matices de la vida conservan sus colores
empapados como son, de tanta sabiduría
nacida de los recuerdos de los años.
¡Deja que mis poemas lo digan!
¡No agites más el cuaderno de mis experiencias
ni diluyas en tu humedad la poca tinta
que queda en mis bolsillos!
Aplaca tus iras, viento...
¿No ves que mis sonidos ya son pocos
y mis porfías, cosas soñadas?
¡Deja que salgan de mis sueños!
Convierte en brisa ése tu vaivén nervioso.
No agites mis sentidos,
que no quiero cerrarte el paso
ni cerrar tu libertad,
¡pero deja de acallar mis palabras!
¡Deja que hablen mis sueños!
¡No me grites viento!
¡Mira que tu fuerza me empuja
a caer en el laberinto enorme
de un confuso pensamiento!
¡No sofoques las voces que reclaman
mis soledades viejas!
Los matices de la vida conservan sus colores
empapados como son, de tanta sabiduría
nacida de los recuerdos de los años.
¡Deja que mis poemas lo digan!
¡No agites más el cuaderno de mis experiencias
ni diluyas en tu humedad la poca tinta
que queda en mis bolsillos!
Aplaca tus iras, viento...
¿No ves que mis sonidos ya son pocos
y mis porfías, cosas soñadas?
¡Deja que salgan de mis sueños!
Convierte en brisa ése tu vaivén nervioso.
No agites mis sentidos,
que no quiero cerrarte el paso
ni cerrar tu libertad,
¡pero deja de acallar mis palabras!
¡Deja que hablen mis sueños!
¡No me grites viento!
¡Mira que tu fuerza me empuja
a caer en el laberinto enorme
de un confuso pensamiento!