¡No me grites, viento!

¡No me grites, viento!
¡No sofoques las voces que reclaman
mis soledades viejas!
Los matices de la vida conservan sus colores
empapados como son, de tanta sabiduría
nacida de los recuerdos de los años.

¡Deja que mis poemas lo digan!
¡No agites más el cuaderno de mis experiencias
ni diluyas en tu humedad la poca tinta
que queda en mis bolsillos!
Aplaca tus iras, viento...
¿No ves que mis sonidos ya son pocos
y mis porfías, cosas soñadas?
¡Deja que salgan de mis sueños!

Convierte en brisa ése tu vaivén nervioso.
No agites mis sentidos,
que no quiero cerrarte el paso
ni cerrar tu libertad,
¡pero deja de acallar mis palabras!
¡Deja que hablen mis sueños!

¡No me grites viento!
¡Mira que tu fuerza me empuja
a caer en el laberinto enorme
de un confuso pensamiento!
 
Un poema profundo, gestado en la sublimidad de alguna víscera a la que todavía no hemos sabido dar nombre. Un poema que sitúo en lo que los que entienden han definido como "poesía de la experiencia", esa tierra estéril o ubérrima de la que el poeta sabe sacar los mejores frutos. Este es excelente. Un cordial saludo,
miguel
 
Un poema profundo, gestado en la sublimidad de alguna víscera a la que todavía no hemos sabido dar nombre. Un poema que sitúo en lo que los que entienden han definido como "poesía de la experiencia", esa tierra estéril o ubérrima de la que el poeta sabe sacar los mejores frutos. Este es excelente. Un cordial saludo,
miguel
Muchas gracias Pessoa por tu lectura y pormenorizado comentario. Muy agradecido. Saludos. Manuel.
 
el viento sabe soplar muchas cosas, que no queremos ver o sentir, abrazos
Manuel Avilés Mora;5305715 dijo:
¡No me grites, viento!
¡No sofoques las voces que reclaman
mis soledades viejas!
Los matices de la vida conservan sus colores
empapados como son, de tanta sabiduría
nacida de los recuerdos de los años.

¡Deja que mis poemas lo digan!
¡No agites más el cuaderno de mis experiencias
ni diluyas en tu humedad la poca tinta
que queda en mis bolsillos!
Aplaca tus iras, viento...
¿No ves que mis sonidos ya son pocos
y mis porfías, cosas soñadas?
¡Deja que salgan de mis sueños!

Convierte en brisa ése tu vaivén nervioso.
No agites mis sentidos,
que no quiero cerrarte el paso
ni cerrar tu libertad,
¡pero deja de acallar mis palabras!
¡Deja que hablen mis sueños!

¡No me grites viento!
¡Mira que tu fuerza me empuja
a caer en el laberinto enorme
de un confuso pensamiento!
 

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