Pienso que China tiene lo peor de "ambos mundos": es un híbrido entre una férrea dictadura comunista y a la vez utiliza un capitalismo salvaje y corrupto. El dios de la mayoría de los chinos es el dinero. Y por tanto supongo que los alienados del régimen y los ricos chinos serán más o menos felices, y los disidentes serán bastante infelices.
Personalmente opino que el capitalismo no es malo o bueno por sí mismo, es simplemente el único sistema económico lógico para el ser humano actual. Bien manejado puede traer progreso y bienestar, y mal manejado desigualdad y frustración.
Gracias por tu visita y comentario, Luciana. Un abrazo.
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Personalmente opino que el capitalismo no es malo o bueno por sí mismo, es simplemente el único sistema económico lógico para el ser humano actual".
Difiero de su opinión Don Luis, hay otros sistemas económicos que funcionan muy bien, deje le comentó una sencilla historia.
Hay un pueblo en Oaxaca llamado San Martin Intuyoso, subiendo un poco mas allá del mismo, en la sierra mixteca, lugar apartado de difíciles caminos partiendo de ese pueblo están los clanes Chuman'a. Exonimamente se les conoce como "pueblo de los altos triquis", pero entre ellos se conocen como los
nerikiha kuihi que traducido al castellano podría ser aproximadamente algo como:
"los que venimos de abajo". Gente muy hermosa de facciones y posturas, delgados, y muy pequeños si los comparamos con 1.85 mts que yo mido, ellos no llegaban mas allá del 1.55.
Tenia 19 años, segundo año de mi carrera y eran practicas de campo. Camine ocho horas en la sierra para llegar a uno de esos clanes, me acompañaba un maestro antropólogo, pues él ya había convivido con ellos y otros cuatro estudiantes mas. En esas ocho horas de camino, nos advirtió algo que yo no entendí hasta que lo viví. "Ellos no conocen el significado del dinero. O por lo menos como lo conocemos nosotros". Todos nos miramos sin saber que quería decir. Advertí, y eso porque nos pidió que lo ayudáramos, que cargábamos cada uno una mochila muy pesada, adicional al equipaje que ya llevábamos. Las necesitaremos luego, nos dijo.
El clan era una pequeña aldea de chozas muy limpias y blancas, perfectamente colocadas para recibir el sol en las mañanas y con la misma distancia al río. Al centro un claro que servía de patio comunal, había corrales con animales de la región como guajolotes, gallinas, chivos, una curtiduría para la matanza de los animales de consumo y de caza. Perfectamente integrada a la naturaleza, con milpas para hortalizas y alrededor de la aldea cultivos de maíz, frijol y chile.
La vestimenta de los hombres era de un blanco extraño en medio de la sierra, con un pañuelo de tela rojo en la cintura (paliacate se llama) y sombrero de palma y huaraches. Las mujeres eran otra cosa, vestimentas tan coloridas, flores y figuras extrañas estaba, patrones hipnotizantes bellamente tejidos, también con huaraches de cuero.
Y convivimos con esa gente un mes, y entendí que ellos no tenían noción de la propiedad privada. Todo era de todos, del que lo necesitara. Las pesadas mochilas que cargábamos eran herramientas y cosas de uso para ellos, muy sencillas, de las que vemos todos los días en cualquier parte, pero para ellos eran maravillas. Nadie de esa comunidad se las apropió, quien necesitaba golpear algo, usaba el martillo y luego lo regresaba a su lugar para que otros la usaran. El maíz, el frijol, se dividía a las mujeres que preparaban la comida para todos. Las mujeres tejían la ropa en telar de cintura para todos, y nadie quería ser mas que otro, ni creía merecer mas, ya que esas palabras les resultaban extrañas en su idioma. Cuando un hombre deseaba casarse, hablaba con los padres y dejaba una dote por la muchacha, pero era una dote de maíz, frijol y animales. Su manera de concebir el dinero era el trueque y lo único que podían desear era una pareja y formar familia, y esos fueron los pocos trueques que pude observar. Era un sistema que funcionaba y funcionaba bien. En su idioma no existía la palabra vender o comprar. Todavía conservo la guayabera (camisa) tejida que me hicieron.
Cuando los visite por primera vez fue en 1987, todavía no estallaba el conflicto del EZLN. En 1994 estallo este conflicto y el gobierno, para darse baños de pueblo, trató de llevar a los indígenas a la modernidad, y puso escuelas lo mas cercas posible de todas esas comunidades (de una a dos horas de camino en la sierra). Con las escuelas, personas que no tenían necesidad de bajar de la sierra para nada, ahora con ellas recorrían caminos de horas para llegar al lugar donde asignaron la escuela, y con ella los comercios, y las necesidades de lo que no necesitaban realmente. Y con ello llego el dinero. Ahora usan la palabra "mercar" ya sea para vender o comprar. Entre 1997 y 1998 trabaje en los acuerdos de San Andrés y en 1999 quise pasar a verlos nuevamente. Ya había carreteras, no como las conocemos, pero los caminos eran mas amplios, vi mas pueblos y caseríos, pero ya no eran esas hermosas chozas de barro revocado encalados con techo a dos aguas semicircular de palma, ahora eran de tabicón, con castillos de varilla y concreto y techos de losa, sin ventanas o puertas mas que cortinas de tela desgastada, los muros sin revocar y los pisos fríos. Eran casas grises como las que se encuentran en cualquier ciudad perdida o fabela de las zonas metropolitanas. Ya no había claros como patios comunales y los corrales y las hortalizas eran muy pobres, su ropa eran pantalones de mezclilla sucios y camisas de algodón a cuadros, raídas. Y ahora todo lo mercaban, la hermosa ceremonia de la dote se había convertido en compra-venta de mujeres casi niñas. Lo peor del capitalismo, y todo por el miedo de los gobiernos a las comunidades.
Esa es la experiencia que puedo contarle Don Luis, como el capitalismo hizo darse cuenta a la gente que antes no era pobre, que realmente y para los demás, son muy, muy pobres.
Abrazos, es solo un comentario y compartir una vivencia.