Pedro Ferreira
Poeta veterano en el portal
NOCHE CLARA DE ESTRELLAS
Duele todo, el amor, hasta la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Se iluminaron las luces del cielo,
gemidos dolientes de placeres,
alarma y miedo, señales del miedo,
y luces, y mi dolor y mis lágrimas.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Y el mar que en su inmensidad se extendía,
vasto, azul, frío, muy azul y frío,
ondas marcadas de frontera fría,
mecedora de sueños y temores.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Y un punto y coma en esta tierra ignota,
calles desiertas, huida y hambre. Hambre.
Soledad cruzando los huesos. Notas
de amor, vientre abultado, amor y miedo.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Lenguaje infiel, palabras hirientes,
chaquetas y uniformes que deciden
un futuro, una vida sin futuro,
y temblor y espera y más, más, más miedo.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Un faro en mi vida y luz en la tuya.
Dudas del alma, vacilación, flujos
de la conciencia; pero luz allá,
luz, luz lejana latiendo en mis venas.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Y ese amor que duele y en la distancia
crece, se embaraza, se preña y crece
como crecen los sueños sin límites,
como creciste tú, en noche estrellada.
Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
A Laila Bilali, Noche de Estrellas
en tierra lejana.
en tierra lejana.
Duele todo, el amor, hasta la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Se iluminaron las luces del cielo,
gemidos dolientes de placeres,
alarma y miedo, señales del miedo,
y luces, y mi dolor y mis lágrimas.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Y el mar que en su inmensidad se extendía,
vasto, azul, frío, muy azul y frío,
ondas marcadas de frontera fría,
mecedora de sueños y temores.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Y un punto y coma en esta tierra ignota,
calles desiertas, huida y hambre. Hambre.
Soledad cruzando los huesos. Notas
de amor, vientre abultado, amor y miedo.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Lenguaje infiel, palabras hirientes,
chaquetas y uniformes que deciden
un futuro, una vida sin futuro,
y temblor y espera y más, más, más miedo.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Un faro en mi vida y luz en la tuya.
Dudas del alma, vacilación, flujos
de la conciencia; pero luz allá,
luz, luz lejana latiendo en mis venas.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Y ese amor que duele y en la distancia
crece, se embaraza, se preña y crece
como crecen los sueños sin límites,
como creciste tú, en noche estrellada.
Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!
Retamar, abril de 2007