Noche clara de estrellas

Pedro Ferreira

Poeta veterano en el portal
NOCHE CLARA DE ESTRELLAS

A Laila Bilali, Noche de Estrellas
en tierra lejana.

Duele todo, el amor, hasta la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Se iluminaron las luces del cielo,
gemidos dolientes de placeres,
alarma y miedo, señales del miedo,
y luces, y mi dolor y mis lágrimas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y el mar que en su inmensidad se extendía,
vasto, azul, frío, muy azul y frío,
ondas marcadas de frontera fría,
mecedora de sueños y temores.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y un punto y coma en esta tierra ignota,
calles desiertas, huida y hambre. Hambre.
Soledad cruzando los huesos. Notas
de amor, vientre abultado, amor y miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Lenguaje infiel, palabras hirientes,
chaquetas y uniformes que deciden
un futuro, una vida sin futuro,
y temblor y espera y más, más, más miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Un faro en mi vida y luz en la tuya.
Dudas del alma, vacilación, flujos
de la conciencia; pero luz allá,
luz, luz lejana latiendo en mis venas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y ese amor que duele y en la distancia
crece, se embaraza, se preña y crece
como crecen los sueños sin límites,
como creciste tú, en noche estrellada.

Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!



Retamar, abril de 2007​
 
Ah que si, Pedro! A veces la vida es una loba, los hombres ciegos y feroces, y las niñas no escapan a los lobos ni a la crueldad del hombre. Cuantas Lailas hay, amigo mío, soñando una patera que las lleve a un futuro en que el hambre no exista, ni la miseria exista,ni las guerras, ni la desesperanza se adueñe de las estrellas que debían brillarles en los ojos, y se encuentran con que hay más lobos, y más hombres feroces y quienes se sienten amenazados por las pequeñas Lailas, pero también hay otros que tiemblan ante el dolor y la fragilidad de sus hermanos.
Laila ha tenido suerte, amigo: conocerte. Tienes un alma noble y esas tan pocas almas equilibran la balanza de este mundo salvaje e indolente.

Pienso en mi hija,tranquila, limpia, feliz y satisfecha, protegida y rodeada de amor y de juguetes, y me duele tu Laila, mucho, también a mí, muy mucho.

Magnífico poema, Pedro querido.

Un beso enorme.
 
Pedro tu poema son como mordeduras que calan, dejan cicatrices que la imaginación dibuja.

Intenso este poema. Buen trabajo. Mi beso balsámico y mis estrellas
 
Ah que si, Pedro! A veces la vida es una loba, los hombres ciegos y feroces, y las niñas no escapan a los lobos ni a la crueldad del hombre. Cuantas Lailas hay, amigo mío, soñando una patera que las lleve a un futuro en que el hambre no exista, ni la miseria exista,ni las guerras, ni la desesperanza se adueñe de las estrellas que debían brillarles en los ojos, y se encuentran con que hay más lobos, y más hombres feroces y quienes se sienten amenazados por las pequeñas Lailas, pero también hay otros que tiemblan ante el dolor y la fragilidad de sus hermanos.
Laila ha tenido suerte, amigo: conocerte. Tienes un alma noble y esas tan pocas almas equilibran la balanza de este mundo salvaje e indolente.

Pienso en mi hija,tranquila, limpia, feliz y satisfecha, protegida y rodeada de amor y de juguetes, y me duele tu Laila, mucho, también a mí, muy mucho.

Magnífico poema, Pedro querido.

Un beso enorme.

Cuánta razón llevas, Viviana, en lo que dices. Sé de tu sensibilidad. Gracias por tu presencia.

Un beso fuerte desde mi bahía, aún llorosa.
 
NOCHE CLARA DE ESTRELLAS

A Laila Bilali, Noche de Estrellas
en tierra lejana.

Duele todo, el amor, hasta la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Se iluminaron las luces del cielo,
gemidos dolientes de placeres,
alarma y miedo, señales del miedo,
y luces, y mi dolor y mis lágrimas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y el mar que en su inmensidad se extendía,
vasto, azul, frío, muy azul y frío,
ondas marcadas de frontera fría,
mecedora de sueños y temores.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y un punto y coma en esta tierra ignota,
calles desiertas, huida y hambre. Hambre.
Soledad cruzando los huesos. Notas
de amor, vientre abultado, amor y miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Lenguaje infiel, palabras hirientes,
chaquetas y uniformes que deciden
un futuro, una vida sin futuro,
y temblor y espera y más, más, más miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Un faro en mi vida y luz en la tuya.
Dudas del alma, vacilación, flujos
de la conciencia; pero luz allá,
luz, luz lejana latiendo en mis venas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y ese amor que duele y en la distancia
crece, se embaraza, se preña y crece
como crecen los sueños sin límites,
como creciste tú, en noche estrellada.

Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!



Retamar, abril de 2007​


Pues me has dejado sin palabras, sin una gota de aliento y una desesperación buyéndome en el alma...

Un saludo

Eugenio
 
NOCHE CLARA DE ESTRELLAS

A Laila Bilali, Noche de Estrellas
en tierra lejana.

Duele todo, el amor, hasta la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Se iluminaron las luces del cielo,
gemidos dolientes de placeres,
alarma y miedo, señales del miedo,
y luces, y mi dolor y mis lágrimas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y el mar que en su inmensidad se extendía,
vasto, azul, frío, muy azul y frío,
ondas marcadas de frontera fría,
mecedora de sueños y temores.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y un punto y coma en esta tierra ignota,
calles desiertas, huida y hambre. Hambre.
Soledad cruzando los huesos. Notas
de amor, vientre abultado, amor y miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Lenguaje infiel, palabras hirientes,
chaquetas y uniformes que deciden
un futuro, una vida sin futuro,
y temblor y espera y más, más, más miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Un faro en mi vida y luz en la tuya.
Dudas del alma, vacilación, flujos
de la conciencia; pero luz allá,
luz, luz lejana latiendo en mis venas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y ese amor que duele y en la distancia
crece, se embaraza, se preña y crece
como crecen los sueños sin límites,
como creciste tú, en noche estrellada.

Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!



Retamar, abril de 2007​


Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Palabras embargadas de sentimiento. Duele todo; duele el amor, duele la esperanza, duele la emoción. Pero ese dolor nos recuerda que estamos vivos.
Un gran poema. Saludos.
LUIS.
 
Wow...! Que fuertes palabras, mucho sentimiento, sabes, a veces me aterra convertirme en mis letras, empiezo a creer que es posible esa realidad... Somos lo que escribimos o simplemente lo vivimos... Un placer leerte...
 
Una realidad que hiere, porque no hay razones, pero nadie busca una solución y el resto del mundo se limita amirar hacia otro lado.

Precioso poema Pedro.
Besos y estrellas para el cielo de tus versos.
Saluda a tu bahía.

Loida

Así es, amiga Loida. Parches y más parches. Gracias por tu constante estímulo. Mi bahía está contenta con tus recuerdos.

Un beso fuerte desde acá.
 
Luis Á. Ruiz Peradejordi;646639 dijo:
Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Palabras embargadas de sentimiento. Duele todo; duele el amor, duele la esperanza, duele la emoción. Pero ese dolor nos recuerda que estamos vivos.
Un gran poema. Saludos.
LUIS.

Gracias, Luis, por dejar tu huella en estos dolorosos versos.
Un abrazo desde el Sur.
 
Wow...! Que fuertes palabras, mucho sentimiento, sabes, a veces me aterra convertirme en mis letras, empiezo a creer que es posible esa realidad... Somos lo que escribimos o simplemente lo vivimos... Un placer leerte...

Las dos cosas, Antonietta. Escribimos lo que somos y vivimos lo que escribimos. Gracias, Antonieta. El placer es mío.

Un beso desde acá.
 
Me has dejado con la boca abieerta , sentimiento puro volcado en increíbles versos.
Mis cinco estrellas y porque no hay mas...
Un beso​
 
No hay solucion es una repeticion, un patron, una locura,una enfermedad mortal.

Pedro tu poesia es como la palabra de Dios, viva y ejerce poder y rtraspasa la medula!
 
Aplausos a tu poesía...que excelente construcción la de estos versos, las repeticiones juegan un papel importantísimo, porque acentúan el sentimiento de dolor...un placer descubrir tu poesía...saluditos
 
NOCHE CLARA DE ESTRELLAS
A Laila Bilali, Noche de Estrellas
en tierra lejana.
Duele todo, el amor, hasta la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Se iluminaron las luces del cielo,
gemidos dolientes de placeres,
alarma y miedo, señales del miedo,
y luces, y mi dolor y mis lágrimas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y el mar que en su inmensidad se extendía,
vasto, azul, frío, muy azul y frío,
ondas marcadas de frontera fría,
mecedora de sueños y temores.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y un punto y coma en esta tierra ignota,
calles desiertas, huida y hambre. Hambre.
Soledad cruzando los huesos. Notas
de amor, vientre abultado, amor y miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Lenguaje infiel, palabras hirientes,
chaquetas y uniformes que deciden
un futuro, una vida sin futuro,
y temblor y espera y más, más, más miedo.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Un faro en mi vida y luz en la tuya.
Dudas del alma, vacilación, flujos
de la conciencia; pero luz allá,
luz, luz lejana latiendo en mis venas.

Hija, ¡qué dolor tan fuerte!

Y ese amor que duele y en la distancia
crece, se embaraza, se preña y crece
como crecen los sueños sin límites,
como creciste tú, en noche estrellada.

Aquí llegamos huyendo a la muerte.
Hija, ¡qué dolor tan fuerte!



Retamar, abril de 2007​


Hay yna luz en la distancia. Tu poema, tu corzón alumbra este tema doloroso.
 

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