Entre las cenizas de los porqués
hay dos brazas que queman las pupilas,
que ni el osario sagrado de sus lágrimas
han logrado calmar.
Crepitan los maderos de la barca
enlodada en las orillas de la memoria.
En el epitafio de la lápida el dolor graba
los gemidos de sus soles enfrentados.
El frio mármol sueña con un ángel
que bajo sus alas cobije las eternas noches.
Noches de luna plena y de gélidas falanges
arañando las piedras de los ayeres.
No hay deseos cumplidos en estos páramos yertos
solo el rostro dulce del alba se atreve a cruzar
a través de los oxidadas rejas del portal.
hay dos brazas que queman las pupilas,
que ni el osario sagrado de sus lágrimas
han logrado calmar.
Crepitan los maderos de la barca
enlodada en las orillas de la memoria.
En el epitafio de la lápida el dolor graba
los gemidos de sus soles enfrentados.
El frio mármol sueña con un ángel
que bajo sus alas cobije las eternas noches.
Noches de luna plena y de gélidas falanges
arañando las piedras de los ayeres.
No hay deseos cumplidos en estos páramos yertos
solo el rostro dulce del alba se atreve a cruzar
a través de los oxidadas rejas del portal.