NUBES
Húmedos jardines sin pérgolas ni rincones
esencias de lágrimas perdidas
oropeles celestiales
nubes.
Construyo mis soñaciones con vuestras geometrías sin leyes fijas
imperio de la curva omnipotente y del mandato de lo efímero
Liberadas de prisiones y color sois ámbito y refugio
de las manos que no acarician.
Albergue del feroz rayo y de las miradas que se pierden en las tardes
"Ella vistió el miriñaque abullonado
en la noche del suicidio
la nube vaciada de todas las músicas la oprimió
y ni siquiera fue lluvia."
Taquigráficas nubes como tránsfugas en celo
nocturnas alabanzas de los cantos de sirena
algodones de sueño
recordáis voluptuosas secuencias de puro amor.
Ojos de pájaros ciegos sin brillos ni pupilas
Las alas exánimes buscan aquellos pies infantiles
cuyas huellas os recuerdan en las playas.
Sois lecho inaccesible de pervertidas pasiones.
Mis viejos huesos se alegran y buscan vuestro ritmo alado
en esa danza que bailamos los cadáveres insepultos
Apenas las hojas que caen tienen esa gracia innata
que equivoca a los pájaros devoradores de gusanos.
Ubicadas en la tristeza de aquellos inviernos nórdicos
dejaís caer vuestras lágrimas sin reclamar un desierto.
Las constelaciones rectilíneas os envidian
por esa promiscuidad que os modela.
El tiempo sin urgencias os teje y desteje
y gozáis con la penetración indolora de las golondrinas
Mujer-nube en la cálida frialdad de vuestro aliento
Nube-mujer que se consuma en los ojos del amante.
Los vientos alisios que enardecen las pasiones de los hombres
os disgregan y desenredan vuestros copos en largos hilos
sobre los que pájaro alguno puede posar sus descansos
Os recrea en un paisaje nuevo
en un corazón sin venas.
Ahora he de dormir mi cabeza reclinada sobre ausencias
Ahora he de dormir .
Nubes seguid vuestro húmedo viaje
dejadme acariciar vuestro ser impalpable como un aura
dejadme albergar en vuestra nada mi nada más espesa.
Ilust.: Max Ernst. “El ángel del hogar”
Húmedos jardines sin pérgolas ni rincones
esencias de lágrimas perdidas
oropeles celestiales
nubes.
Construyo mis soñaciones con vuestras geometrías sin leyes fijas
imperio de la curva omnipotente y del mandato de lo efímero
Liberadas de prisiones y color sois ámbito y refugio
de las manos que no acarician.
Albergue del feroz rayo y de las miradas que se pierden en las tardes
"Ella vistió el miriñaque abullonado
en la noche del suicidio
la nube vaciada de todas las músicas la oprimió
y ni siquiera fue lluvia."
Taquigráficas nubes como tránsfugas en celo
nocturnas alabanzas de los cantos de sirena
algodones de sueño
recordáis voluptuosas secuencias de puro amor.
Ojos de pájaros ciegos sin brillos ni pupilas
Las alas exánimes buscan aquellos pies infantiles
cuyas huellas os recuerdan en las playas.
Sois lecho inaccesible de pervertidas pasiones.
Mis viejos huesos se alegran y buscan vuestro ritmo alado
en esa danza que bailamos los cadáveres insepultos
Apenas las hojas que caen tienen esa gracia innata
que equivoca a los pájaros devoradores de gusanos.
Ubicadas en la tristeza de aquellos inviernos nórdicos
dejaís caer vuestras lágrimas sin reclamar un desierto.
Las constelaciones rectilíneas os envidian
por esa promiscuidad que os modela.
El tiempo sin urgencias os teje y desteje
y gozáis con la penetración indolora de las golondrinas
Mujer-nube en la cálida frialdad de vuestro aliento
Nube-mujer que se consuma en los ojos del amante.
Los vientos alisios que enardecen las pasiones de los hombres
os disgregan y desenredan vuestros copos en largos hilos
sobre los que pájaro alguno puede posar sus descansos
Os recrea en un paisaje nuevo
en un corazón sin venas.
Ahora he de dormir mi cabeza reclinada sobre ausencias
Ahora he de dormir .
Nubes seguid vuestro húmedo viaje
dejadme acariciar vuestro ser impalpable como un aura
dejadme albergar en vuestra nada mi nada más espesa.
Ilust.: Max Ernst. “El ángel del hogar”
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