Luis Libra
Atención: poeta en obras
ALMA DE ANIMALES MUERTOS
Después del matadero,
doblando la esquina, había
una cantina
donde me sentaba y veía caer el sol
a través de la ventana,
una ventana que daba a un sitio
lleno de hierbas altas y secas.
nunca me duchaba con los muchachos
en la fábrica
después de trabajar
así que olía a sudor y sangre.
el olor a sudor disminuye después
de un rato
pero el olor a sangre empieza a fulminar
y ganar fuerza.
fumaba cigarrillos y tomaba cerveza
hasta que me sentía lo suficientemente bien
como para subirme al bus
con las almas de todos los animales muertos
que viajaban conmigo;
las cabezas volteaban discretamente
las mujeres se levantaban
y se alejaban de mí.
cuando bajaba del bus
sólo tenía que caminar una cuadra
y subir una escalera para llegar
a mi cuarto donde prendería la radio
y encendería un cigarro
y a nadie le importaría nada más de mí.
C. Bukowsky
INTUICIÓN DEL FRÍO
No es el de la niñez,
aquellas mañanas de diciembre,
a lo largo del río,
hacia el colegio.
Ni se trata tampoco de aquel otro
que te sorprendería
años después
más de una madrugada
dando tumbos.
No, este es distinto, este
da miedo:
viene
del futuro.
K. Iribarren
SIN LLAVES Y A OSCURAS
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.
Fabian Casas
NIEVE AZUL, AZUL MARINO
Soy un hombre mediocre.
Sueño cosas mediocres:
que la señora de la limpieza se masturba en el cuarto de los trastos;
que mi padre muere ahogado en un vagón de tren;
que vuelo, por supuesto. Un clásico.
Aspiro a comer todos los días. Caliente. Con pan.
O a que no entren en mi casa una docena de soldados
una noche cualquiera
diciendo esto es la guerra.
La guerra. Qué palabra tan extraña.
Yo también tuve Sueños. En mayúsculas.
Me faltaron neuronas. Tal vez glóbulos blancos.
Pero no estuve ni cerca.
Soy un hombre mediocre que dice tonterías
como qué buen día hace, ¿verdad?
¿La huella de mi paso por el mundo?
Perdona: pero creo que te has equivocado de ascensor.
Un hombre sin chistera ni armadura ni caballo.
Un hombre honrado, eso sí. Cuestión de gustos.
Pero tengo que vivir
con esto.
Aunque nunca salga cruz.
Y le he prometido a Clhoé
que ascendería a Luna llena un día de estos.
Me otorgarían la medalla al amor propio.
Sería Capitán
de un barquito con redes que saliera a pescar
todos los días de mi vida.
“No cojas ese tren papá. Caerá al río”.
A veces nos buscamos los pies con los pies de noche debajo de las sábanas.
Y si cantan los grillos
y si el mundo se para
y si un tac de reloj
y si hay yogur en la cuchara
y si llueve
y si llueve
y si llueve,
nos besamos.
Porque lo único que importa
a estas alturas del Everest
es no caer de rodillas.
Billy McGregor
ESCUCHANDO EN TODAS LAS ESQUINAS
A veces recuerdo
que he sido elegido
para perfeccionar a todos los hombres;
me lo recuerdan las luciérnagas,
el arroyo que pasa al lado de mi cabaña.
Si yo hubiera tenido que ser poeta
no podría hacer
los perfectos anillos de humo
por los que soy bien conocido;
me distraería
la posible belleza de mi pluma,
pero no lo soy;
me perdería,
me habría perdido con las mujeres
que tan implacablemente perseguí,
pero no lo hice,
yo estaba llamado a ser
la semilla de vuestra nueva sociedad,
yo estaba llamado a ser
el rey invisible y sin corte.
Yo soy eso:
el más claro ejemplo de realeza
que te sirve esta noche
mientras hace la cama para el perro
y las luciérnagas brillan
a sus distintas alturas.
Leonard Cohen
FOR MARGUIE
Quisiera contarte la historia de la lesbiana proxeneta
de Malembe y su pene calibre 50
del cura que se colgó de la campana
del héroe nacional que terminó dividiéndose en cabeza, tronco, extremidades superiores y muletas
del Rogelio que primero encontró en el diccionario la palabra leucemia; y después el termino clítoris.
Pudiese mostrarte cómo hacer un bozal con tus intestinos
cómo la doble moral se le cuela a los neofreudianos entre los mecanismos de defensa
cómo izar una consigna y al mismo tiempo limpiarte el culo con tus cuerdas vocales
cómo salir a buscar libertad y descubrir que el mar también tiene dientes y necesidades fisiológicas
cómo medir con soledad la distancia
cómo sostener un abismo con tus cojones y tres versos;
pero la noche es el color primario de las ausencias
pero no hay placebo que a esta altura nos remiende
pero el tiempo no es más que esta nube que se me coagula en las retinas
pero aún no aprendo a cortarme la yugular con un acorde
pero a ti no te importa
pero yo soy la rima de 23 pares de cromosomas
que sabe que todo está perdido.
Freud21
LA HABITACIÓN DEL SUICIDA
Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?
Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.
No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.
Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.
W. Szymborska
DE CUANDO ME EQUIVOQUÉ DE BAR
Yo soy de esa clase de amigos
que siempre pide otra ronda en los bares.
No tengo hijos,
soy el hijo único de una dinastía de bastardos
que se llena el estómago y se autodestruye.
Mis amigos, sin embargo, son padres,
de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,
siempre me invitan a otra,
nunca quieren que me vaya.
Ellos me miran y cien veces
me cuentan cien veces lo difícil que es
la suerte que yo.
Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,
no las ven.
Beben tiempo con su boca de padres,
tragan tiempo con su saliva de padres
y yo me vuelvo cada vez más pequeño
y sus hijos cada vez más grandes.
Y con cuarenta, con cincuenta,
volveré al mismo bar de la esquina
y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué
tantas hormigas en mi boca,
por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.
Con cincuenta, con sesenta,
quién me llevará a casa,
quién guardará mis huesos bajo las sábanas.
Con sesenta, quizás, con setenta
quién contestará a mis preguntas,
quién me dirá lo difícil que es,
la suerte que yo
cuando un día me confunda y pida otra ronda
frente a la sola luz de mi nevera.
Ángelo Nestore
EL TERROR
Mucha gente se queda sola en la vida
Están en sus pisos, viendo pasar las estaciones.
Algo falló, algo salió mal.
En los estíos,
salen a las pequeñas terrazas
de sus pisos
con sus hipotecas ya pagadas
finalmente,
y eso les da un brillo en los ojos.
Envejecen.
No son mayores, cincuenta años tal vez.
Cincuenta y dos, o cuarenta y nueve,
qué más da
cuando se está solo
y se sabe que se estará así ya para siempre,
como un parado de larga duracion.
El pacto con la soledad está funcionando,
se dicen mientras miran las farolas a lo lejos
y los coches pasando por debajo.
Mirar farolas es amor también.
Contarlas es más amor aún.
A veces recuerdan y esa es una noche de insomnio.
Las pastillas, la televisión, el movil, la cartera, un libro
en la mesilla, la luz del baño, pálida, absurda,
y la memoria convertida en el Terror.
Buenas noches, Terror.
Deja que te bese como si fueras mi marido;
eres lo único que tengo, my darling
Manuel Vilas
Después del matadero,
doblando la esquina, había
una cantina
donde me sentaba y veía caer el sol
a través de la ventana,
una ventana que daba a un sitio
lleno de hierbas altas y secas.
nunca me duchaba con los muchachos
en la fábrica
después de trabajar
así que olía a sudor y sangre.
el olor a sudor disminuye después
de un rato
pero el olor a sangre empieza a fulminar
y ganar fuerza.
fumaba cigarrillos y tomaba cerveza
hasta que me sentía lo suficientemente bien
como para subirme al bus
con las almas de todos los animales muertos
que viajaban conmigo;
las cabezas volteaban discretamente
las mujeres se levantaban
y se alejaban de mí.
cuando bajaba del bus
sólo tenía que caminar una cuadra
y subir una escalera para llegar
a mi cuarto donde prendería la radio
y encendería un cigarro
y a nadie le importaría nada más de mí.
C. Bukowsky
INTUICIÓN DEL FRÍO
No es el de la niñez,
aquellas mañanas de diciembre,
a lo largo del río,
hacia el colegio.
Ni se trata tampoco de aquel otro
que te sorprendería
años después
más de una madrugada
dando tumbos.
No, este es distinto, este
da miedo:
viene
del futuro.
K. Iribarren
SIN LLAVES Y A OSCURAS
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.
Fabian Casas
NIEVE AZUL, AZUL MARINO
Soy un hombre mediocre.
Sueño cosas mediocres:
que la señora de la limpieza se masturba en el cuarto de los trastos;
que mi padre muere ahogado en un vagón de tren;
que vuelo, por supuesto. Un clásico.
Aspiro a comer todos los días. Caliente. Con pan.
O a que no entren en mi casa una docena de soldados
una noche cualquiera
diciendo esto es la guerra.
La guerra. Qué palabra tan extraña.
Yo también tuve Sueños. En mayúsculas.
Me faltaron neuronas. Tal vez glóbulos blancos.
Pero no estuve ni cerca.
Soy un hombre mediocre que dice tonterías
como qué buen día hace, ¿verdad?
¿La huella de mi paso por el mundo?
Perdona: pero creo que te has equivocado de ascensor.
Un hombre sin chistera ni armadura ni caballo.
Un hombre honrado, eso sí. Cuestión de gustos.
Pero tengo que vivir
con esto.
Aunque nunca salga cruz.
Y le he prometido a Clhoé
que ascendería a Luna llena un día de estos.
Me otorgarían la medalla al amor propio.
Sería Capitán
de un barquito con redes que saliera a pescar
todos los días de mi vida.
“No cojas ese tren papá. Caerá al río”.
A veces nos buscamos los pies con los pies de noche debajo de las sábanas.
Y si cantan los grillos
y si el mundo se para
y si un tac de reloj
y si hay yogur en la cuchara
y si llueve
y si llueve
y si llueve,
nos besamos.
Porque lo único que importa
a estas alturas del Everest
es no caer de rodillas.
Billy McGregor
ESCUCHANDO EN TODAS LAS ESQUINAS
A veces recuerdo
que he sido elegido
para perfeccionar a todos los hombres;
me lo recuerdan las luciérnagas,
el arroyo que pasa al lado de mi cabaña.
Si yo hubiera tenido que ser poeta
no podría hacer
los perfectos anillos de humo
por los que soy bien conocido;
me distraería
la posible belleza de mi pluma,
pero no lo soy;
me perdería,
me habría perdido con las mujeres
que tan implacablemente perseguí,
pero no lo hice,
yo estaba llamado a ser
la semilla de vuestra nueva sociedad,
yo estaba llamado a ser
el rey invisible y sin corte.
Yo soy eso:
el más claro ejemplo de realeza
que te sirve esta noche
mientras hace la cama para el perro
y las luciérnagas brillan
a sus distintas alturas.
Leonard Cohen
FOR MARGUIE
Quisiera contarte la historia de la lesbiana proxeneta
de Malembe y su pene calibre 50
del cura que se colgó de la campana
del héroe nacional que terminó dividiéndose en cabeza, tronco, extremidades superiores y muletas
del Rogelio que primero encontró en el diccionario la palabra leucemia; y después el termino clítoris.
Pudiese mostrarte cómo hacer un bozal con tus intestinos
cómo la doble moral se le cuela a los neofreudianos entre los mecanismos de defensa
cómo izar una consigna y al mismo tiempo limpiarte el culo con tus cuerdas vocales
cómo salir a buscar libertad y descubrir que el mar también tiene dientes y necesidades fisiológicas
cómo medir con soledad la distancia
cómo sostener un abismo con tus cojones y tres versos;
pero la noche es el color primario de las ausencias
pero no hay placebo que a esta altura nos remiende
pero el tiempo no es más que esta nube que se me coagula en las retinas
pero aún no aprendo a cortarme la yugular con un acorde
pero a ti no te importa
pero yo soy la rima de 23 pares de cromosomas
que sabe que todo está perdido.
Freud21
LA HABITACIÓN DEL SUICIDA
Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?
Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.
No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.
Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.
W. Szymborska
DE CUANDO ME EQUIVOQUÉ DE BAR
Yo soy de esa clase de amigos
que siempre pide otra ronda en los bares.
No tengo hijos,
soy el hijo único de una dinastía de bastardos
que se llena el estómago y se autodestruye.
Mis amigos, sin embargo, son padres,
de esos que buscan una excusa para volver tarde a casa,
siempre me invitan a otra,
nunca quieren que me vaya.
Ellos me miran y cien veces
me cuentan cien veces lo difícil que es
la suerte que yo.
Ellos no ven las hormigas que trepan por mi pierna,
no las ven.
Beben tiempo con su boca de padres,
tragan tiempo con su saliva de padres
y yo me vuelvo cada vez más pequeño
y sus hijos cada vez más grandes.
Y con cuarenta, con cincuenta,
volveré al mismo bar de la esquina
y entonces los que hoy son niños se preguntarán por qué
tantas hormigas en mi boca,
por qué el amigo de sus padres se sigue creyendo joven.
Con cincuenta, con sesenta,
quién me llevará a casa,
quién guardará mis huesos bajo las sábanas.
Con sesenta, quizás, con setenta
quién contestará a mis preguntas,
quién me dirá lo difícil que es,
la suerte que yo
cuando un día me confunda y pida otra ronda
frente a la sola luz de mi nevera.
Ángelo Nestore
EL TERROR
Mucha gente se queda sola en la vida
Están en sus pisos, viendo pasar las estaciones.
Algo falló, algo salió mal.
En los estíos,
salen a las pequeñas terrazas
de sus pisos
con sus hipotecas ya pagadas
finalmente,
y eso les da un brillo en los ojos.
Envejecen.
No son mayores, cincuenta años tal vez.
Cincuenta y dos, o cuarenta y nueve,
qué más da
cuando se está solo
y se sabe que se estará así ya para siempre,
como un parado de larga duracion.
El pacto con la soledad está funcionando,
se dicen mientras miran las farolas a lo lejos
y los coches pasando por debajo.
Mirar farolas es amor también.
Contarlas es más amor aún.
A veces recuerdan y esa es una noche de insomnio.
Las pastillas, la televisión, el movil, la cartera, un libro
en la mesilla, la luz del baño, pálida, absurda,
y la memoria convertida en el Terror.
Buenas noches, Terror.
Deja que te bese como si fueras mi marido;
eres lo único que tengo, my darling
Manuel Vilas
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