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Nunca podré abandonar la ciudad oceánica

penabad57

Poeta veterano en el portal
Briosas nubes y céfiros de sal.

El aire maldice su virginidad,
ruge el mar una pregunta de ojos verdes,
un candil proscrito ilumina caracolas en la yerba de la plaza.

Mi ciudad viste meandros de madre opulenta,
venas de un azul de burbujas,
esquinas sin horóscopos
que son azar de navíos
al partir insomnes
sin rumbo
ni patria.

Solo conocí su estatura de hada,
la línea del coral sobre las rocas de un ocre fúlgido,
caminar por la estrechez del espigón,
lejos de la luz, en la sombra invertida de la noche.

Me acostumbré a su lengua, tan larga como un hilo sin memoria,
guedejas de algas contra el dique,
la escollera sabe que la letanía de un acuario
solo conduce a la locura.

Escúchame, allá donde estés,
pertenecemos a la estirpe del delfín y los albatros,
al fulgor de la infancia y sus playas indómitas,
al arenal donde los sueños palpitan en su plenitud.

Es un río de nieve el que acompaña tu razón,
permite que fluya el crepitar de las olas,
el resol del ocaso en las crestas marinas,
haz que todos los relámpagos atruenen,
para que no escuche al olvido.
 
Última edición:
Briosas nubes y céfiros de sal.

El aire maldice su virginidad,
ruge el mar una pregunta de ojos verdes,
un candil proscrito ilumina caracolas en la yerba de la plaza.

Mi ciudad viste meandros de madre opulenta,
venas de un azul de burbujas,
esquinas sin horóscopos
que son azar de navíos
al partir insomnes
sin rumbo
ni patria.

Solo conocí su estatura de hada,
la línea del coral sobre las rocas de un ocre fúlgido,
caminar por la estrechez de espigón,
lejos de la luz, en la sombra invertida de la noche.

Me acostumbré a su lengua, tan larga como un hilo sin memoria,
guedejas de algas contra el dique,
la escollera sabe que la letanía de un acuario
solo conduce a la locura.

Escúchame, allá donde estés,
pertenecemos a la estirpe del delfín y los albatros,
al fulgor de la infancia y sus playas indómitas,
al arenal donde los sueños palpitan en su plenitud.

Es un río de nieve el que acompaña tu razón,
déjame a mí el crepitar de las olas,
el resol del ocaso en las crestas marinas,
haz que todos los relámpagos atruenen
para que no escuche al olvido.
Un sueño de carácter marino donde cada elemento es un mundo aparte. Un abrazo, penabad.
 
Briosas nubes y céfiros de sal.

El aire maldice su virginidad,
ruge el mar una pregunta de ojos verdes,
un candil proscrito ilumina caracolas en la yerba de la plaza.

Mi ciudad viste meandros de madre opulenta,
venas de un azul de burbujas,
esquinas sin horóscopos
que son azar de navíos
al partir insomnes
sin rumbo
ni patria.

Solo conocí su estatura de hada,
la línea del coral sobre las rocas de un ocre fúlgido,
caminar por la estrechez de espigón,
lejos de la luz, en la sombra invertida de la noche.

Me acostumbré a su lengua, tan larga como un hilo sin memoria,
guedejas de algas contra el dique,
la escollera sabe que la letanía de un acuario
solo conduce a la locura.

Escúchame, allá donde estés,
pertenecemos a la estirpe del delfín y los albatros,
al fulgor de la infancia y sus playas indómitas,
al arenal donde los sueños palpitan en su plenitud.

Es un río de nieve el que acompaña tu razón,
déjame a mí el crepitar de las olas,
el resol del ocaso en las crestas marinas
haz que todos los relámpagos atruenen,
para que no escuche al olvido.
El mar es una amante insaciable, de ritmos cambiantes y mirada inquieta.
Un placer enorme leer tu poesía, gracias inmensas. Saludos cordiales Chema
 
Briosas nubes y céfiros de sal.

El aire maldice su virginidad,
ruge el mar una pregunta de ojos verdes,
un candil proscrito ilumina caracolas en la yerba de la plaza.

Mi ciudad viste meandros de madre opulenta,
venas de un azul de burbujas,
esquinas sin horóscopos
que son azar de navíos
al partir insomnes
sin rumbo
ni patria.

Solo conocí su estatura de hada,
la línea del coral sobre las rocas de un ocre fúlgido,
caminar por la estrechez de espigón,
lejos de la luz, en la sombra invertida de la noche.

Me acostumbré a su lengua, tan larga como un hilo sin memoria,
guedejas de algas contra el dique,
la escollera sabe que la letanía de un acuario
solo conduce a la locura.

Escúchame, allá donde estés,
pertenecemos a la estirpe del delfín y los albatros,
al fulgor de la infancia y sus playas indómitas,
al arenal donde los sueños palpitan en su plenitud.

Es un río de nieve el que acompaña tu razón,
permite que fluya el crepitar de las olas,
el resol del ocaso en las crestas marinas,
haz que todos los relámpagos atruenen,
para que no escuche al olvido.
Elementos marinos en una esculpida poesia donde el extravio de los
sentimientos van agolpando bellos desgarros de recuerdos, y que
se traducen desde la infancia hasta el olvido presente. el ancla
echada para seguir recibiendo el bello aliento humedo. bellissimo.
saludos amables de luzyabsenta
 
Elementos marinos en una esculpida poesia donde el extravio de los
sentimientos van agolpando bellos desgarros de recuerdos, y que
se traducen desde la infancia hasta el olvido presente. el ancla
echada para seguir recibiendo el bello aliento humedo. bellissimo.
saludos amables de luzyabsenta
Gracias, LUZYABSENTA, por acercarte a este poema y por la amabilidad de tus palabras. Saludos cordiales.
 
Gracias, LUZYABSENTA, por acercarte a este poema y por la amabilidad de tus palabras. Saludos cordiales.

Muy agradecido por la cordialidad de tu respuesta. Hay poesias que se merecen el reflejo de la atenta
reflexion y lectura precisa, pienso que es el caso de esta obra. por ello releo de nuevo para establecerme
y encontrarme mejor entre sus contenidos de ese sentible mirar de emociones que entregas.
saludos siempre amables de luzyabsenta
 

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