O TEMPORA, O MORES
Cayendo entre las horas que nacen descoloridas en la tarde
las brumas nacidas de las alas rotas o de esquifes naufragados
como gaviotas sin alma que esquivan las rocas rompeolas
se desinflan lentamente los párrafos del acordeón.
No respiran ya las sonrisas del aquelarre enviciado
las grutas han sido violadas por las luces de neón.
Cítaras y chirimías enloquecen entre los humos del sándalo
y ciertas alfombras mágicas se elevan como oraciones.
Los ecos son rubíes esplendorosos como labios o como sangre
ruedan montañas volubles hacia las playas vacías
y dejan estruendos calcinados entre los árboles de la vida
Advertido el marino solloza con la sirena que nunca será su amante.
No dejan ya las mareas su fecundo rastro de amatistas
Apenas las olas fruncen ceños en sus olvidadas diásporas
y las playas visten arenas con regusto a pieles morenas
Sólo el canto verde de los pinos recuerda ya al viejo templo.
Cariátides entregadas a las frías matemáticas
rojos peplos como banderas ofrecidas a los nuevos dioses
y los vinos negros en ánforas en las que se libó sangre
Cerebros ardientes de los que nacerán las ciudades y sus pústulas.
Narraciones de flechas que escriben sobre nubes
los destinos de aquellos que han profanado las horas
Ni las aromosas hecatombes ni las manzanas doradas
evitarán la estruendosa construcción de rascacielos.
Oh, tiempos de nieves oscuras, de caballos albinos o palafrenes resignados
Baja desde la más alta torre la canción como la niebla
cubriendo con su sepulcral silencio la plaza hasta ahora bulliciosa
Los dorados insectos victoriosos son ópalos o fragancias.
Incólumes saltan las uñas que no arrancaron la carne
Embriagadas como hojas sobre paños mortuorios
Los ojos que reflejan las hazañas son ahora teoremas irresolubles
mientras los héroes apenas tienen espacio en las canciones.
O témpora, o mores
Yo sigo persiguiendo mis sueños de placer
en las tabernas del puerto
mientras fuera se agostan las guirnaldas
al paso de las autoridades.
Ilust.: “Fausto y Lilith”.- Richard Westall.
Cayendo entre las horas que nacen descoloridas en la tarde
las brumas nacidas de las alas rotas o de esquifes naufragados
como gaviotas sin alma que esquivan las rocas rompeolas
se desinflan lentamente los párrafos del acordeón.
No respiran ya las sonrisas del aquelarre enviciado
las grutas han sido violadas por las luces de neón.
Cítaras y chirimías enloquecen entre los humos del sándalo
y ciertas alfombras mágicas se elevan como oraciones.
Los ecos son rubíes esplendorosos como labios o como sangre
ruedan montañas volubles hacia las playas vacías
y dejan estruendos calcinados entre los árboles de la vida
Advertido el marino solloza con la sirena que nunca será su amante.
No dejan ya las mareas su fecundo rastro de amatistas
Apenas las olas fruncen ceños en sus olvidadas diásporas
y las playas visten arenas con regusto a pieles morenas
Sólo el canto verde de los pinos recuerda ya al viejo templo.
Cariátides entregadas a las frías matemáticas
rojos peplos como banderas ofrecidas a los nuevos dioses
y los vinos negros en ánforas en las que se libó sangre
Cerebros ardientes de los que nacerán las ciudades y sus pústulas.
Narraciones de flechas que escriben sobre nubes
los destinos de aquellos que han profanado las horas
Ni las aromosas hecatombes ni las manzanas doradas
evitarán la estruendosa construcción de rascacielos.
Oh, tiempos de nieves oscuras, de caballos albinos o palafrenes resignados
Baja desde la más alta torre la canción como la niebla
cubriendo con su sepulcral silencio la plaza hasta ahora bulliciosa
Los dorados insectos victoriosos son ópalos o fragancias.
Incólumes saltan las uñas que no arrancaron la carne
Embriagadas como hojas sobre paños mortuorios
Los ojos que reflejan las hazañas son ahora teoremas irresolubles
mientras los héroes apenas tienen espacio en las canciones.
O témpora, o mores
Yo sigo persiguiendo mis sueños de placer
en las tabernas del puerto
mientras fuera se agostan las guirnaldas
al paso de las autoridades.
Ilust.: “Fausto y Lilith”.- Richard Westall.