Anna Politkóvskaya
Poeta fiel al portal
Veo desde mi ventana,
como una herida
por la que se escapan las horas,
al ocaso dejar su rúbrica de fuego
en el boscoso horizonte
y a mis viejas
y cercanas amigas del jardín
-la pequeña y callada fuente,
la mesa destartalada
que siempre ha permanecido
en el mismo lugar
y las plantas de cuyos nombres
nunca he podido acordarme-
cubrirse con los colores apagados
del día que está a punto de morir.
Y mientras tanto, aunque seguir estando
vivo consiste en no saberlo,
dentro de la boca se van abriendo camino
agoreras llagas que mascullan rencores
y presagian futuras venganzas de mi cuerpo.
como una herida
por la que se escapan las horas,
al ocaso dejar su rúbrica de fuego
en el boscoso horizonte
y a mis viejas
y cercanas amigas del jardín
-la pequeña y callada fuente,
la mesa destartalada
que siempre ha permanecido
en el mismo lugar
y las plantas de cuyos nombres
nunca he podido acordarme-
cubrirse con los colores apagados
del día que está a punto de morir.
Y mientras tanto, aunque seguir estando
vivo consiste en no saberlo,
dentro de la boca se van abriendo camino
agoreras llagas que mascullan rencores
y presagian futuras venganzas de mi cuerpo.