chc
Christian
Hay tantas cosas que quiero olvidar,
que saber tan poco acerca del olvido
es una muerte certera entre las sienes.
Yo no sé si realmente sirve de algo,
guardar, o mejor dicho atesorar,
tanta telaraña con insectos,
tanta inteligencia inservible,
tantos nombres de parientes
o de amigos.
Atesorar sería
hacer limpieza de recuerdos
y guardarlos acomodados,
pero sólo aquellos
que el juicio del momento
fugaz que ya se pierde,
considere utilizables,
hasta que llegue otro día como hoy,
sin escrúpulos, sin nostalgia,
con las horas contadas
y los minutos sobre stockeados.
Tantos segundos felices,
la maratón de sinsabores,
la colección de lagrimales,
las espinas de los sonrisales,
las sonrisas de verdad,
y las lágrimas de cocodrilo,
no hacen falta,
sólo sobra tiempo.
El problema
es que sé tan poco del olvido,
que recordar es lo único que queda.
Traté de perderte a vos también,
- perderte por olvidarte,
perderte por perderte
fue algo que hice sin problemas -
y no pude siquiera recordarte,
y mucho menos lo primero.
Si al menos supiera algo más
de lo que no sé del olvido,
tal vez pudiera olvidar que te perdí,
y olvidaría que te recuerdo
en cada reclamo de la memoria.
Olvidaría lo poco que sé sobre el olvido,
y atesoraría
una vida certera entre las sienes.
que saber tan poco acerca del olvido
es una muerte certera entre las sienes.
Yo no sé si realmente sirve de algo,
guardar, o mejor dicho atesorar,
tanta telaraña con insectos,
tanta inteligencia inservible,
tantos nombres de parientes
o de amigos.
Atesorar sería
hacer limpieza de recuerdos
y guardarlos acomodados,
pero sólo aquellos
que el juicio del momento
fugaz que ya se pierde,
considere utilizables,
hasta que llegue otro día como hoy,
sin escrúpulos, sin nostalgia,
con las horas contadas
y los minutos sobre stockeados.
Tantos segundos felices,
la maratón de sinsabores,
la colección de lagrimales,
las espinas de los sonrisales,
las sonrisas de verdad,
y las lágrimas de cocodrilo,
no hacen falta,
sólo sobra tiempo.
El problema
es que sé tan poco del olvido,
que recordar es lo único que queda.
Traté de perderte a vos también,
- perderte por olvidarte,
perderte por perderte
fue algo que hice sin problemas -
y no pude siquiera recordarte,
y mucho menos lo primero.
Si al menos supiera algo más
de lo que no sé del olvido,
tal vez pudiera olvidar que te perdí,
y olvidaría que te recuerdo
en cada reclamo de la memoria.
Olvidaría lo poco que sé sobre el olvido,
y atesoraría
una vida certera entre las sienes.