Azul Dean
Poeta fiel al portal
La mañana vomita
un mar de vino rojo
sobre el duro colchón de la memoria.
Crispa este azul de Prusia
tras la ventana ciega,
impertinente sol que se demora
es una ortiga aciaga
junto al lecho.
 
Agrietados los labios
que guardan el perfume de la noche,
la cabeza que canta
como un nido de alondras doloridas
piando un himno absurdo.
El silencio se hunde
un trozo de hielo en una copa repleta de desidia.
La mañana que insiste en despertarme
se abraza como un nudo a mi garganta,
de carril oxidado, sin aceras.
 
Haber sobrevivido por momentos
a un despertar profuso en iconos caídos
de verdades a medias,
los ojos doloridos que se encierran
enmudeciendo a Dios en su delirio.
Me aletargo por fin
olvidando los gritos de la prisa,
cerrando los visillos trasnochados,
apagando la luz
vuelvo a la noche.
De verdad lo lamento
esta vez la coartada
es el olvido.
un mar de vino rojo
sobre el duro colchón de la memoria.
Crispa este azul de Prusia
tras la ventana ciega,
impertinente sol que se demora
es una ortiga aciaga
junto al lecho.
 
Agrietados los labios
que guardan el perfume de la noche,
la cabeza que canta
como un nido de alondras doloridas
piando un himno absurdo.
El silencio se hunde
un trozo de hielo en una copa repleta de desidia.
La mañana que insiste en despertarme
se abraza como un nudo a mi garganta,
de carril oxidado, sin aceras.
 
Haber sobrevivido por momentos
a un despertar profuso en iconos caídos
de verdades a medias,
los ojos doloridos que se encierran
enmudeciendo a Dios en su delirio.
Me aletargo por fin
olvidando los gritos de la prisa,
cerrando los visillos trasnochados,
apagando la luz
vuelvo a la noche.
De verdad lo lamento
esta vez la coartada
es el olvido.
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