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Oradora de mi sangre.

Ricardo José Lascano

Poeta que considera el portal su segunda casa
Para esta tarde tú, benévola entusiasta
acérrima del cántaro encendido,
conmoviendo las vertientes holladas
desdeñando el avío insular de los cortejos.
Hacia la noche tú, oradora de mi sangre,
isla soledad, fauces del cimiento lunar,
haz del cielo un ala onda y crispada,
sien de las edades del trueno,
pero no dejes escrito un abandono,
una herida de filosas ternuras con tus ojos
como médanos cubriendo el sabor del manuscrito,
la alianza nupcial de los naufragios domados:
hoy oscuridad del mineral que sangra,
ardor de los refugios de mi ser,
costa que navega hacia la esperanza.
tú, acérrima, entusiasta y gallardía.
 
Última edición:
[FONT=&quot]Es un gran poema con muy buenas imágenes para nuestro deleite.
[FONT=&quot]Me gusto leerte amigo poeta.
[FONT=&quot]Un abrazo grande
 
Vaya, sí que se encuentra
enraizada en lo más profundo de tu ser.
Aquella luz que te sabe interpretar
te conoce, te descubre
sabe lo que quieres antes de que se suceda
como predestinada a ser
tu complemento existencial.

Gracias por compartir tu bella poesía.
Saludos.
 
Para esta tarde tú, benévola entusiasta
acérrima del cántaro encendido,
conmoviendo las vertientes holladas
desdeñando el avío insular de los cortejos.
Hacia la noche tú, oradora de mi sangre,
isla soledad, fauces del cimiento lunar,
haz del cielo un ala onda y crispada,
sien de las edades del trueno,
pero no dejes escrito un abandono,
una herida de filosas ternuras con tus ojos
como médanos cubriendo el sabor del manuscrito,
la alianza nupcial de los naufragios domados:
hoy oscuridad del mineral que sangra,
ardor de los refugios de mi ser,
costa que navega hacia la esperanza.
tú, acérrima, entusiasta y gallardía.

Concentrar el sentimiento en ella pues representa el todo buscado,
esas esperanzadas formas que habitan como en ese universo tan
intimo como entregado. bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 
Para esta tarde tú, benévola entusiasta
acérrima del cántaro encendido,
conmoviendo las vertientes holladas
desdeñando el avío insular de los cortejos.
Hacia la noche tú, oradora de mi sangre,
isla soledad, fauces del cimiento lunar,
haz del cielo un ala onda y crispada,
sien de las edades del trueno,
pero no dejes escrito un abandono,
una herida de filosas ternuras con tus ojos
como médanos cubriendo el sabor del manuscrito,
la alianza nupcial de los naufragios domados:
hoy oscuridad del mineral que sangra,
ardor de los refugios de mi ser,
costa que navega hacia la esperanza.
tú, acérrima, entusiasta y gallardía.
Muy buena obra. Saludos.
 
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