Oriónidas eran tus ojos
Nada detiene el alzado orden de la noche
que galopa sobre el vientre
del mar. Hay sombras que se hunden
y almas con sed en sus aguas.
Hay ojos que viajan mirando al Sur.
Rezonga está la luna,
se dobla de dolor, y de vejez
se llena el aire
que hunde en el horizonte su soledad.
Las nubes agrestes han renovado la aurora
y por la hiedra de la esquina
trepa la verdad de mi alma hasta el Alcor
de sus ojos.
Extraviado, sin el verde de los tréboles,
me querello contra la vida, el sol, los astros,
los recuerdos. Y en este juicio me pregunto,
si pondré el beso o la muerte
donde pide la agonía de sus labios.
Nada detiene el alzado orden de la noche
que galopa sobre el vientre
del mar. Hay sombras que se hunden
y almas con sed en sus aguas.
Hay ojos que viajan mirando al Sur.
Rezonga está la luna,
se dobla de dolor, y de vejez
se llena el aire
que hunde en el horizonte su soledad.
Las nubes agrestes han renovado la aurora
y por la hiedra de la esquina
trepa la verdad de mi alma hasta el Alcor
de sus ojos.
Extraviado, sin el verde de los tréboles,
me querello contra la vida, el sol, los astros,
los recuerdos. Y en este juicio me pregunto,
si pondré el beso o la muerte
donde pide la agonía de sus labios.