Embriagado de ti, de tu amor, de tus celos,
yo me escondí en la tarde, tras la sombra
de la colina aquélla, que dibujamos juntos,
a la que tantas veces subimos tantos días.
Para que no me vieses, me arropé de sonrisas
y acurruqué mi cuerpo, como en juego de niños,
las mejillas me ardían, el rubor de los besos,
que en mi pecho guardaba, a mi rostro acudía.
Mientras sonaba el eco, en caricias mi nombre
de tu boca salía, y tantas, tantas veces
tu rosa florecida se prendió de granate,
al subir la colina, por la vereda ancha
de nardos y azucenas, y un toque de rocío
resbalaba despacio, en sus pétalos finos.
Después hacia el recuerdo, despacio y silenciosa
cogiéndote a mis besos, caminabas tranquila,
con la orquídea de jade bebiendo de tu boca,
y me escondí en la sombra, de la colina aquélla
para que no me vieses, acurruqué mi cuerpo
como en juego de niños, y me arropé en sonrisas.
yo me escondí en la tarde, tras la sombra
de la colina aquélla, que dibujamos juntos,
a la que tantas veces subimos tantos días.
Para que no me vieses, me arropé de sonrisas
y acurruqué mi cuerpo, como en juego de niños,
las mejillas me ardían, el rubor de los besos,
que en mi pecho guardaba, a mi rostro acudía.
Mientras sonaba el eco, en caricias mi nombre
de tu boca salía, y tantas, tantas veces
tu rosa florecida se prendió de granate,
al subir la colina, por la vereda ancha
de nardos y azucenas, y un toque de rocío
resbalaba despacio, en sus pétalos finos.
Después hacia el recuerdo, despacio y silenciosa
cogiéndote a mis besos, caminabas tranquila,
con la orquídea de jade bebiendo de tu boca,
y me escondí en la sombra, de la colina aquélla
para que no me vieses, acurruqué mi cuerpo
como en juego de niños, y me arropé en sonrisas.
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