Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
La oscuridad se estira sin alcanzar su borde
como el color que se adueña de una rosa
sin llegar a habitarla.
Es que me he probado el disfraz de la muerte
pero aún me queda grande
y lo que me resta es el frío.
Salí desnudo al carnaval y me colgaron una medalla
por mi capacidad anti histriónica de imitar un giro
sin perseguirme la cola
mientras profetizaba un texto a la altura de mi cadera
las nueve noches que duró aquella hora.
Algunos confundidos vinieron a lamer mi voz,
a palparme las costuras evidentes y autoinmunes,
pero yo a veces secuestro mi fantasma
y me pido de rescate
y se extiende mi existencia una vida más que sobra.
Tuve una mujer que aprendió a llorar sandías verticales
para dolerse de cuando ya no quede un manantial en pie;
uno de sus hijos se llamaba Noviembre,
el otro era un río de cinco puntas y ninguna orilla,
la menor fue soñada y se tapaba el brillo
con hacerse de madrugada.
El faquir que intentaba la autofelación sobre su cama de clavos
me regaló una hogaza de insomnio y tres peces de estigmas;
le dije a la multitud Háganme cuarto porque voy a parirme
y no quiero ser mérito de las estrellas.
Soy un dios escrito en mis rodillas y me leo y me hago y no me creo.
Así van las cosas en el destierro con grillos en la niebla,
sin mencionar la historia del lavamanos
que soñaba ser indigestión pero le ganó la risa.
Al final no puedo renunciar a nada y me quedo contigo en tu fuga
porque la calle no salió del árbol de la luna sola.
Ahora entiendes por qué el después vino antes,
y yo estaba metido en el disfraz que me desbordaba.
El otoño llega amarillo de tan hermoso con todas sus púas
y mi corazón de semilla de durazno
ya planea delinquir contigo un en medio todo
hacia arriba y hacia abajo.
como el color que se adueña de una rosa
sin llegar a habitarla.
Es que me he probado el disfraz de la muerte
pero aún me queda grande
y lo que me resta es el frío.
Salí desnudo al carnaval y me colgaron una medalla
por mi capacidad anti histriónica de imitar un giro
sin perseguirme la cola
mientras profetizaba un texto a la altura de mi cadera
las nueve noches que duró aquella hora.
Algunos confundidos vinieron a lamer mi voz,
a palparme las costuras evidentes y autoinmunes,
pero yo a veces secuestro mi fantasma
y me pido de rescate
y se extiende mi existencia una vida más que sobra.
Tuve una mujer que aprendió a llorar sandías verticales
para dolerse de cuando ya no quede un manantial en pie;
uno de sus hijos se llamaba Noviembre,
el otro era un río de cinco puntas y ninguna orilla,
la menor fue soñada y se tapaba el brillo
con hacerse de madrugada.
El faquir que intentaba la autofelación sobre su cama de clavos
me regaló una hogaza de insomnio y tres peces de estigmas;
le dije a la multitud Háganme cuarto porque voy a parirme
y no quiero ser mérito de las estrellas.
Soy un dios escrito en mis rodillas y me leo y me hago y no me creo.
Así van las cosas en el destierro con grillos en la niebla,
sin mencionar la historia del lavamanos
que soñaba ser indigestión pero le ganó la risa.
Al final no puedo renunciar a nada y me quedo contigo en tu fuga
porque la calle no salió del árbol de la luna sola.
Ahora entiendes por qué el después vino antes,
y yo estaba metido en el disfraz que me desbordaba.
El otoño llega amarillo de tan hermoso con todas sus púas
y mi corazón de semilla de durazno
ya planea delinquir contigo un en medio todo
hacia arriba y hacia abajo.
21 de septiembre de 2020
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