Pan con aceite

Rosario Martín

Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín
 
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín
Versos rompedores. Palabras para esas tierras de pobreza altiva. Rincones de nuestros pueblos donde crecimos teniendo infancia y hambre. Patios, solares, rincones en donde nos esforzábamos en jugar, en crear mundos...y envidiábamos a quienes tenían para merendar una rebanada de pan con aceite o una onza de chocolate.
Con mi admiración de siempre. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos.
 
Versos rompedores. Palabras para esas tierras de pobreza altiva. Rincones de nuestros pueblos donde crecimos teniendo infancia y hambre. Patios, solares, rincones en donde nos esforzábamos en jugar, en crear mundos...y envidiábamos a quienes tenían para merendar una rebanada de pan con aceite o una onza de chocolate.
Con mi admiración de siempre. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos.
Hace unos días visité el pueblo donde nací y viví
los diez primeros años de mi vida.De ese reencuentro
surgió este poema y pensé que era bueno para celebrar
los once años que llevo en mundopoesía.
Gracias, querido Luis,por acercarte y dejarme tu hermosa huella.
Un beso
¡ Qué rico el pan con aceite!
 
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín
Profunda y bella la huella que dejan tus letras grabada en el alma. Cuando hacemos nuestro a ese pueblo, a esa calle, a esa ciudad .. es porque nos ha llegado al corazón y permanece para siempre en el recuerdo... Preciosas tus letras Rosario, un placer ha sido adentrarme en ellas. Muchos besos llenos de cariño para ti querida amiga......muááááaaackssssss....
 
Profunda y bella la huella que dejan tus letras grabada en el alma. Cuando hacemos nuestro a ese pueblo, a esa calle, a esa ciudad .. es porque nos ha llegado al corazón y permanece para siempre en el recuerdo... Preciosas tus letras Rosario, un placer ha sido adentrarme en ellas. Muchos besos llenos de cariño para ti querida amiga......muááááaaackssssss....
Muchas gracias, compañera,por venir y dejar tu hermosa huella.
Me ha costado mucho hacer este pequeño poema, una cosa es tenerlo en mente
y otra escribirlo con tan poca visión.Gracias, Loma,una vez más y un fuerte abrazo.
 
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín


Llegué pero tuve que salir sin dejar mi huella y eso es algo imperdonable con este pequeño gran relato.
Pocas son las palabras que usas pero enorme el contenido que transmiten. La idea del pueblo de uno, que no lo es pero así se siente...
La idea de una dictadura que quedó atrás aunque a veces xdxdxd!, uffff cómo cuesta superarla!!! qué cansino!!
La evocación de esos lugares derruidos donde los niños encontraban las mejores escenografías en 3D que uno pudiera imaginar, sencillamente tirar piedras, jugar al hinque, esconderse o charlar sobre unos pedruscos sin sentir nada más que felicidad y hambre cuando llegaba la hora del pan de hogaza con aceite de oliva ummm.
Qué fácil haces que uno se sumerja en esos momentos mi querida Rosa.
Un fuerte abrazo y fuerza para esa recuperación!

Palmira
 
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín
Vuelvo a leerte en este poema y veo los caserones que el régimen trató con mano espléndida, donde los amiguitos pobres de unos hijos acomodados encontraban un sustento. En las no abandonadas recibían sus migajas y en las abandonadas el poder de imaginar… ya me fui por las ramas.
Pan con aceite... Qué bueno, y cada vez que te leo se me reproducen nuevas imágenes.
Me gusta recorrer caserones abandonados... e imaginar siempre. Y el pan con aceite, y el jamón; pero el jamón queda para otro poema.

Seguimos construyendo pueblo, sin generales y con el único contrabando de la imaginación.

Vamos a merendar, con un par de cervecitas, que es la hora… pan con aceite y sal.
 
Versos rompedores. Palabras para esas tierras de pobreza altiva. Rincones de nuestros pueblos donde crecimos teniendo infancia y hambre. Patios, solares, rincones en donde nos esforzábamos en jugar, en crear mundos...y envidiábamos a quienes tenían para merendar una rebanada de pan con aceite o una onza de chocolate.
Con mi admiración de siempre. Un fuerte abrazo y mis mejores deseos.
Gracias, estimado Luis,la admiración es mutua.Un fuerte abrazo, amigo.
 
Querida amiga Rosario, me has hecho recordar cuándo yo tenía unos 8 años, con mi barrita de amigos visitábamos caserones y buscábamos cosas que nos sirviera para jugar, pero lo que más recuerdo es el pan con aceite, perejil y ajos picados bien finitos que mi madre me preparaba y si te sirve para otro poema sopa de pan con huevo, gracias Rosario un abrazo desde Argentina. Pedro
 
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín
¡Qué rico este pan con aceite Rosario! Yo a veces le añadía un poquito de sal. Esos caserones abandonados que había en casi todos los pueblos eran fantásticos para escapar de esa infancia de escasez, de hombres enjutos y de mujeres eternamente vestidas de negro. Los niños éramos como esponjas, absorvías todo lo que te rodeaba pero al mismo tiempo éramos capaces de crear un mundo propio siempre lleno de luz como dicen tus versos.
Muy feliz de leerte en este poema que tiene más luz que sombras.
Cuídate mucho y recupérate pronto Rosario
Felices Fiestas y un Abrazo Grande
 
Llegué pero tuve que salir sin dejar mi huella y eso es algo imperdonable con este pequeño gran relato.
Pocas son las palabras que usas pero enorme el contenido que transmiten. La idea del pueblo de uno, que no lo es pero así se siente...
La idea de una dictadura que quedó atrás aunque a veces xdxdxd!, uffff cómo cuesta superarla!!! qué cansino!!
La evocación de esos lugares derruidos donde los niños encontraban las mejores escenografías en 3D que uno pudiera imaginar, sencillamente tirar piedras, jugar al hinque, esconderse o charlar sobre unos pedruscos sin sentir nada más que felicidad y hambre cuando llegaba la hora del pan de hogaza con aceite de oliva ummm.
Qué fácil haces que uno se sumerja en esos momentos mi querida Rosa.
Un fuerte abrazo y fuerza para esa recuperación!

Palmira
Fíjate que en ese pueblo mío, que no es mío;) viví solo los 10 primero años de mi vida
pero me marcaron muchísimo en todos los sentidos...
Aquella España profunda nos recordaba a cada paso, en calles, plazas y avenidas
los nombres de aquellos grandes hijos...de la patria, lo bueno, querida amiga.
es que los niños con su imaginación dibujan sonrisas en sus miserias.
Te echo mucho de menos, Palmira, graciassss, te dejo abrazos de abril , aunque sea marzo;)
 
Yo una vez tuve un pueblo
que no era mío
y en el pueblo una calle
con el nombre oxidado
de un viejo general.
A cuatro casas de la mía
un patio abandonado
y el viejo caserón,
herencia de posguerra y contrabando,
donde los niños de pan con aceite
rompían el silencio
y alumbraban con su imaginación
los huecos sin luz.

Rosario Martín

Mi madre fue de posguerra, y hasta su muerte, con casi 92 años, desayunaba pan con aceite.

Bonito, y para mí melancólico, pero melancolía de la muy buena.

Abrazo cordial, compañera.
 

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