César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
mis años mozos se fueron.
No me creo mi cabeza vestida de blanco donde ayer hubo altivez
y cabellera negra.
Ni me creo el sobrepeso
ni mis rodillas dolientes
la falta de vigor
la mirada indiferente de la gente joven
no me creo el "jefe", "patrón", "mi tío", "maestro", respetuoso
con el que soy llamado por quienes no saben mi nombre
ni el "usted" en lugar de "tú" de quienes sí lo saben.
¿Dónde estoy?
¿Qué ha pasado con mi yo?
¿Cuándo soy?
¿Dónde se me ha quedado el hombre?
Tan igual a ayer
y tan distinto en el espejo
tan cambiado en las pupilas cercanas que miro
sin que me digan algo.
Yo no quiero amargarme ni amargar
ni estar enfermo
ni la mueca de dolor contenido
ni la indignidad de la muerte en poco-a-poco.
La muerte en poco-a-poco me ha abordado
irremediablemente.
Y como no me leen las gentes
yo las leo y las vislumbro
farolas de las plazas
colillas de cigarros pisoteadas.
Ahora callo los piropos a las chicas
que diríanme "asqueroso"
y me harían ver ridículo
fuera de lo que sin ser, soy,
ahora soy.
Y busco entre mis iguales
que no hay muchos
sin encontrar más mundo
otra cosa
la inexpresión decepcionada de lo ido
sin remedio y traicioneramente ido.
Soy a penas uno más;
pantalón negro, fisuras en el rostro.
Tan intensamente igual
tan certeramente distinto
y no me sé
No,
no me sé...
No me creo mi cabeza vestida de blanco donde ayer hubo altivez
y cabellera negra.
Ni me creo el sobrepeso
ni mis rodillas dolientes
la falta de vigor
la mirada indiferente de la gente joven
no me creo el "jefe", "patrón", "mi tío", "maestro", respetuoso
con el que soy llamado por quienes no saben mi nombre
ni el "usted" en lugar de "tú" de quienes sí lo saben.
¿Dónde estoy?
¿Qué ha pasado con mi yo?
¿Cuándo soy?
¿Dónde se me ha quedado el hombre?
Tan igual a ayer
y tan distinto en el espejo
tan cambiado en las pupilas cercanas que miro
sin que me digan algo.
Yo no quiero amargarme ni amargar
ni estar enfermo
ni la mueca de dolor contenido
ni la indignidad de la muerte en poco-a-poco.
La muerte en poco-a-poco me ha abordado
irremediablemente.
Y como no me leen las gentes
yo las leo y las vislumbro
farolas de las plazas
colillas de cigarros pisoteadas.
Ahora callo los piropos a las chicas
que diríanme "asqueroso"
y me harían ver ridículo
fuera de lo que sin ser, soy,
ahora soy.
Y busco entre mis iguales
que no hay muchos
sin encontrar más mundo
otra cosa
la inexpresión decepcionada de lo ido
sin remedio y traicioneramente ido.
Soy a penas uno más;
pantalón negro, fisuras en el rostro.
Tan intensamente igual
tan certeramente distinto
y no me sé
No,
no me sé...
Octubre y lluvia gris, 2015. César Guevara.