Andréstoto
Poeta recién llegado
Cuando mí corazón triste en el silencio del grito agudo del dolor, en la lejanía de la oscuridad, en el vacío de la inmensidad del sentimiento; busca una luz que se convierta en la guía sin fin del deseo mutuo e innato del ser humano, algo que cada hombre que respire, que sienta, que llore, que ría, que ame; necesita para vivir, porque esto es la vida, es un suceso eterno que a veces brilla cual carmín, lúcido y deslumbrante, pero también nos entrega dolor, tristeza, vacío; . OH casualidad la cual omnipresente estas en las buenas y en las malas de seres que en esencia, en conjunto, lo único que buscan es sentir, es mirar, es observar, el curso del tiempo, solo eso deseo; cruzar, como un taciturno, como un triste y desconsolado marinero que surca el mar de la vida, este corazón figurativo, cálido y débil, se ve enfrentado por el aire de tú rostro, que me aleja, que me mata, que me fulmina, la soledad parlante que produce cuando inocentemente, ingenuamente y a la vez atrevida forma de las estrellas testigos sigilosas, reservadas y calladas. Observan cual jueces, que legislan el sentimiento que solo tú, ángel mío, musa inspiradora y desconocida, que habita en el futuro presente y pasado en cualquier espacio de mi vida, oh, pero a la vez ruego que ya te presentes, que ya existas, que produzcas amor, pero yo personalmente y en el mar profundo de mí ser solo imagino y sueño, lugares, momentos, ocasiones, días, noches, tiempos, espacios eternos, efímeros y erráticos; pero a la vez inmutables e imperecederos sentimientos universales; que cuando despierto, cuando abro los ojos y me enfrento, me zambullo en el turbio, frío, áspero y agobiante aire mundanal, desaparecen y dejan de existir. Duermen congeladas y flotan en mis recuerdos; solo son míos y de la doncella eterna que existe en algún lugar de mi vida, tan igual e inusual como todo ser humano que mira a su mundo y al mundo de todos; allí estás tú; la dueña de mí corazón. Por: Andrés Quinteros R.