dragon_ecu
Esporádico permanente
De pequeño él jugaba a patear piedras. No acertaba a definir el placer que sentía al golpear las piedras, aunque luego los dedos del pie le latieran y dolieran a niveles deformantes.
Un pequeño masoquista se hallaba en gestación al confundir el dolor con placer.
En cierta forma era una especie aprendida al ver a sus tíos, que también gustaban de patear piedras. En cierta forma era marca de honor, de hombría, que lo definía como alguien superior sobre el resto. No lo interpretaba como una diferencia anormal a las costumbres del resto. Lo tomaba como un plus de valor que lo elevaba sobre la media del grupo.
Pasando el tiempo iba pateando más piedras. Incluso se daba a pasatiempo el buscar piedras diferentes en color, peso o dureza, alimentando una desviación que luego recalificaba como afición.
Al estar de continuo pateando piedras y buscando piedras para patear, fue llamando la atención de quienes se hallaban cerca, resultando en el alejamiento de unos y el acercamiento de otros.
Se formó un grupo de pateadores de piedras, que la notarse en minoría buscó incentivar a nuevos pateadores entre la gente... ¿vieja?... nooooo... ¿jóvenes?... algo... ¿adolescentes?... siiiii y también niños.
Que de pronto el patear piedras era una manifestación de madurez y reclamo contra los convencionales que no las pateaban.
Así se formó una generación de pateadores de piedras, apoyados por miedo o por cariño hacia quienes no las pateaban. Así si pateas te queremos y si no pateas te odiamos y perseguimos.
Pasado el tiempo el patear piedras era más importante que trabajar, e incluso más importante que el placer de comer, o de tener relaciones. La deformación de las ideas llegó para apoyar la deformación de la supervivencia.
Llegado el caos, aquel que de pequeño le gustaba patear piedras se planteó salir de esa zona y buscar otra... donde seguir pateando piedras y empujar a otros a esa afición.
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Charlie García - Demoliendo hoteles.
Un pequeño masoquista se hallaba en gestación al confundir el dolor con placer.
En cierta forma era una especie aprendida al ver a sus tíos, que también gustaban de patear piedras. En cierta forma era marca de honor, de hombría, que lo definía como alguien superior sobre el resto. No lo interpretaba como una diferencia anormal a las costumbres del resto. Lo tomaba como un plus de valor que lo elevaba sobre la media del grupo.
Pasando el tiempo iba pateando más piedras. Incluso se daba a pasatiempo el buscar piedras diferentes en color, peso o dureza, alimentando una desviación que luego recalificaba como afición.
Al estar de continuo pateando piedras y buscando piedras para patear, fue llamando la atención de quienes se hallaban cerca, resultando en el alejamiento de unos y el acercamiento de otros.
Se formó un grupo de pateadores de piedras, que la notarse en minoría buscó incentivar a nuevos pateadores entre la gente... ¿vieja?... nooooo... ¿jóvenes?... algo... ¿adolescentes?... siiiii y también niños.
Que de pronto el patear piedras era una manifestación de madurez y reclamo contra los convencionales que no las pateaban.
Así se formó una generación de pateadores de piedras, apoyados por miedo o por cariño hacia quienes no las pateaban. Así si pateas te queremos y si no pateas te odiamos y perseguimos.
Pasado el tiempo el patear piedras era más importante que trabajar, e incluso más importante que el placer de comer, o de tener relaciones. La deformación de las ideas llegó para apoyar la deformación de la supervivencia.
Llegado el caos, aquel que de pequeño le gustaba patear piedras se planteó salir de esa zona y buscar otra... donde seguir pateando piedras y empujar a otros a esa afición.
Charlie García - Demoliendo hoteles.
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