Nicolás Bascialla
Poeta recién llegado
De vez en cuando toca detenerse,
sin el afán que el día nos impone,
mirar la propia vida y sus rincones,
y en alma entera al fin reconocerse.
Dejar ya la prisa que hace torcerse,
examinar con calma los tizones
del tiempo ido, sin falsas oraciones,
sin que el pesar nos quiera convencerse.
No hay que llorar la mentira vivida,
ni lamentar la senda que se ha ido,
sino cantarse aquella luz sincera.
La propia verdad, debe ser oída,
el corazón que ha sido recorrido
con voz que al alma la eleve y la hiciera.
sin el afán que el día nos impone,
mirar la propia vida y sus rincones,
y en alma entera al fin reconocerse.
Dejar ya la prisa que hace torcerse,
examinar con calma los tizones
del tiempo ido, sin falsas oraciones,
sin que el pesar nos quiera convencerse.
No hay que llorar la mentira vivida,
ni lamentar la senda que se ha ido,
sino cantarse aquella luz sincera.
La propia verdad, debe ser oída,
el corazón que ha sido recorrido
con voz que al alma la eleve y la hiciera.