José Benito
Poeta fiel al portal
Se hundió mi amor al fin bajo las olas
de la ausencia lejana en el cruel tiempo,
lugar desde el que nunca se ve el cielo;
fue sepultado en la funesta sima
donde con desconsuelo reina el llanto,
adonde nunca llega ya ni el viento.
Corrí para buscarlo en pos del viento;
fui de la tierra al mar, corté las olas;
sólo apurar podía: ya ni al llanto
efímero me daba el justo tiempo.
Por semejante amor bajé a la sima,
por semejante amor subí hasta el cielo.
Y así como ascendí, caí del cielo
para ser arrastrado por el viento
al borde de la oscura y honda sima
cubierta por las procelosas olas
de las aguas del caos y del tiempo;
y, aun sin saber por qué, me asaltó el llanto.
Agua purificante fue aquel llanto,
aunque no me acercó más esto al cielo
de aquel amor perdido allá en el tiempo
cuyo recuerdo se llevara el viento
una vez, y que, oculto por las olas,
sumergido yacía allá, en la sima.
Suspendido allá, al borde de la sima,
sin yo saber la causa de mi llanto,
mecida sentí el alma por las olas,
mientras se oscurecía aquel gris cielo
y a la vez arreciaba el fuerte viento
bajo los rayos del revuelto tiempo.
Aquí fue cuando vi que, desde el tiempo
de la profunda y tenebrosa sima,
ascendió del recuerdo el crudo viento.
Y recordé, y volví a romper en llanto,
pues ausentarme de él lo era del cielo
con mi suerte ya echada entre las olas.
Me llevaron las olas hasta el tiempo
cuya sima engendró mi triste llanto,
pero al cielo no fui: lo impidió el viento.
José Benito Freijanes Martínez.
de la ausencia lejana en el cruel tiempo,
lugar desde el que nunca se ve el cielo;
fue sepultado en la funesta sima
donde con desconsuelo reina el llanto,
adonde nunca llega ya ni el viento.
Corrí para buscarlo en pos del viento;
fui de la tierra al mar, corté las olas;
sólo apurar podía: ya ni al llanto
efímero me daba el justo tiempo.
Por semejante amor bajé a la sima,
por semejante amor subí hasta el cielo.
Y así como ascendí, caí del cielo
para ser arrastrado por el viento
al borde de la oscura y honda sima
cubierta por las procelosas olas
de las aguas del caos y del tiempo;
y, aun sin saber por qué, me asaltó el llanto.
Agua purificante fue aquel llanto,
aunque no me acercó más esto al cielo
de aquel amor perdido allá en el tiempo
cuyo recuerdo se llevara el viento
una vez, y que, oculto por las olas,
sumergido yacía allá, en la sima.
Suspendido allá, al borde de la sima,
sin yo saber la causa de mi llanto,
mecida sentí el alma por las olas,
mientras se oscurecía aquel gris cielo
y a la vez arreciaba el fuerte viento
bajo los rayos del revuelto tiempo.
Aquí fue cuando vi que, desde el tiempo
de la profunda y tenebrosa sima,
ascendió del recuerdo el crudo viento.
Y recordé, y volví a romper en llanto,
pues ausentarme de él lo era del cielo
con mi suerte ya echada entre las olas.
Me llevaron las olas hasta el tiempo
cuya sima engendró mi triste llanto,
pero al cielo no fui: lo impidió el viento.
José Benito Freijanes Martínez.
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