Poeta en Silencio
Enrique
Recordarte sabe al roce
de un viento tibio surcando entre las hojas
y que en el tiempo de las nubes se desvanece.
Me duele no estar seguro
si tu rostro se perpetuará
en la arcilla de mi pensamiento.
Que hoy al despertarme
una pulsión me ha traído
por primera vez la interrogante
de tu ausencia en mi futuro.
La verdad, amada,
es que no quiero recordarte imprecisa,
mucho menos fantasmal.
Lo que de ti quiero
es tu fotografía a tatuar
para las largas visiones de mis labios.
Quiero tu nombre incrustado
en mi piel hasta los años imposibles,
quiero tenerte, quiero tu sombra oscura
hasta esa edad del más suave amor.
Es cierto, te has ido,
pero aún pienso tu permanencia en mí;
anhelo que existas de algún modo extraño,
tal vez convertida en sentimiento corporal,
fondo y forma dentro de mis huesos.
Quédate conmigo,
quédate, por favor, entre estas mis venas
y palpitaciones,
que permanezca algo tuyo
por la eternidad en mi mirada.
No quiero que quedes
solamente en pensamiento
o en la flojedad de la memoria.
de un viento tibio surcando entre las hojas
y que en el tiempo de las nubes se desvanece.
Me duele no estar seguro
si tu rostro se perpetuará
en la arcilla de mi pensamiento.
Que hoy al despertarme
una pulsión me ha traído
por primera vez la interrogante
de tu ausencia en mi futuro.
La verdad, amada,
es que no quiero recordarte imprecisa,
mucho menos fantasmal.
Lo que de ti quiero
es tu fotografía a tatuar
para las largas visiones de mis labios.
Quiero tu nombre incrustado
en mi piel hasta los años imposibles,
quiero tenerte, quiero tu sombra oscura
hasta esa edad del más suave amor.
Es cierto, te has ido,
pero aún pienso tu permanencia en mí;
anhelo que existas de algún modo extraño,
tal vez convertida en sentimiento corporal,
fondo y forma dentro de mis huesos.
Quédate conmigo,
quédate, por favor, entre estas mis venas
y palpitaciones,
que permanezca algo tuyo
por la eternidad en mi mirada.
No quiero que quedes
solamente en pensamiento
o en la flojedad de la memoria.
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