Pero... ¿tú te has visto
llorando como la Magdalena
porque sus ojos
corren, como canicas cuesta abajo,
tras cualquier cosa que se contonea?
Pero... ¿tú te has mirado?
Siempre en casa, cocinando
con ese delantal,
que por atar tan fuerte a la cintura
¡quedó tatuado sobre tu piel!
¿En que cajón guardaste tu belleza?
No,
no me digas que la has perdido,
sólo la escondes tras una máscara
de monotonía y dejadez.
¿Cuándo fue la última vez
que pusiste rimel a esos ojos de almendra?
Así es como él te decía:
"de almendras garrapiñadas".
Pinta tus labios de sabor canela,
enfunda tus piernas en medias negras
que le muestren el camino
a las enaguas de tu falda.
Pero... ¿tú te has visto?
Estás preciosa.
Corre hasta él por esa cuesta
y contonéate,
hazle perder la cabeza.
¿Lo ves, tonta? Aún te ama.
Además de cocinar para él,
no te olvides de alimentar el amor
con gotitas de pasión...
si no quieres que muera de inanición.