Luis Libra
Atención: poeta en obras
´
Hay perros que no pueden entender
por qué sus relamidos dioses
castigan tan cruelmente
su docilidad,
su carencia.
Hay perros que quieren ver amigos
en sus dioses. Perros
que cedieron su alma de lobo
por cielos con lunas pintadas.
Valles de cristal, machos alfa defectuosos.
Y ellos no comprenden su pecado,
su culpa.
Y ladran su incomprensión a través del tiempo,
de los caminos,
de las avenidas,
de las estrellas.
Y aúllan al horizonte rotos,
salvajes,
desesperados...
cuando la noche se hace dolor,
insoportable dolor, pena insostenible;
no solo en sus carnes vencidas:
Sobre todo ante los inhumanos límites
de sus mentes y su sangre.
Y entonces ya solo gruñen (y muerden)
bajito, imperceptiblemente
a lo largo de bosques
y de ciudades estériles,
a lo ancho de los desiertos del pensamiento,
al muro de la sinrazón.
Y entonces ya solo hurgan ese calor antiguo
y urgente
enterrado entre órbitas de basura,
bajo los escombros de su mundo
y de sus días.
Algunos intentan reconstruir su aullido
(como cánidos con extraños sueños de espuma)
Otros, el grueso de la manada,
callan para siempre,
vena a vena,
cuneta tras cuneta,
por los siglos de los siglos.
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Hay perros que no pueden entender
por qué sus relamidos dioses
castigan tan cruelmente
su docilidad,
su carencia.
Hay perros que quieren ver amigos
en sus dioses. Perros
que cedieron su alma de lobo
por cielos con lunas pintadas.
Valles de cristal, machos alfa defectuosos.
Y ellos no comprenden su pecado,
su culpa.
Y ladran su incomprensión a través del tiempo,
de los caminos,
de las avenidas,
de las estrellas.
Y aúllan al horizonte rotos,
salvajes,
desesperados...
cuando la noche se hace dolor,
insoportable dolor, pena insostenible;
no solo en sus carnes vencidas:
Sobre todo ante los inhumanos límites
de sus mentes y su sangre.
Y entonces ya solo gruñen (y muerden)
bajito, imperceptiblemente
a lo largo de bosques
y de ciudades estériles,
a lo ancho de los desiertos del pensamiento,
al muro de la sinrazón.
Y entonces ya solo hurgan ese calor antiguo
y urgente
enterrado entre órbitas de basura,
bajo los escombros de su mundo
y de sus días.
Algunos intentan reconstruir su aullido
(como cánidos con extraños sueños de espuma)
Otros, el grueso de la manada,
callan para siempre,
vena a vena,
cuneta tras cuneta,
por los siglos de los siglos.
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