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La empinada y empolvada escalera de hierro me condujo a la buhardilla húmeda y fría. Al abrir la crujiente puerta de madera los rayos del sol hirieron mis ojos. Encontré allí cosas ya casi olvidadas: la bicicleta de cuando era niño, trajes, sombreros, retratos, y un inmenso baúl de hierro y bronce imposible de abrir; también libros polvorientos de pastas amarillas, y una máscara que abría la boca y decía: " decídete a dar el salto definitivo. " Asustado, bajé las escaleras a toda prisa. Al despertar, mandé quitar la escalera y tapiar la puerta de entrada a la buhardilla. Todavía, al caer la noche, en el silencio de la casa, oigo: " decídete a dar el salto definitivo. "
Eladio Parreño Elías
22-Enero-1989
Gracias amiga Lourdes, un beso.Eladio, un relato misterioso
y muy interesante. Tus relatos
atrapan y debo seguir leyendo
hasta el final. Grato leerte como
siempre. Saludos cordiales.
Las guardillas y desvanes guardan de todo, misterios incluidos. Me recordó a un desván del abuelo de un amigo cuando eramos niños, era una aventura subir sin que nos vieran, había de todo, je,je,je, un día nos asustamos todos pues al entrar se debió de mover un viejo acordeón y sonó de repente, no veas como corríamos, je,je,je.
Un placer tu micro Eladio !!!!
Abrazo grande.
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Gracias amiga Ladulcec, un beso.Tu relato es fascinante, cortito y pone la mente a divagar...en los desvanes se esconden muchos secretos mas que corotos viejos...
te abrazo en esta mañana de domingo mi querido amigo
la dulce c
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La empinada y empolvada escalera de hierro me condujo a la buhardilla húmeda y fría. Al abrir la crujiente puerta de madera los rayos del sol hirieron mis ojos. Encontré allí cosas ya casi olvidadas: la bicicleta de cuando era niño, trajes, sombreros, retratos, y un inmenso baúl de hierro y bronce imposible de abrir; también libros polvorientos de pastas amarillas, y una máscara que abría la boca y decía: " decídete a dar el salto definitivo. " Asustado, bajé las escaleras a toda prisa. Al despertar, mandé quitar la escalera y tapiar la puerta de entrada a la buhardilla. Todavía, al caer la noche, en el silencio de la casa, oigo: " decídete a dar el salto definitivo. "
Eladio Parreño Elías
22-Enero-1989
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