musador
esperando...
Sangre de tigre, sangre de mi padre, y ahora esta mancha fresca de tu sangre miserable. ¿Por qué no fue de tu garganta? Al menos, muerto, honrarías esta piel en la que me envuelvo... ¡Tu ridículo llanto en la sorpresa!: ¿así agradeces lo que te di? Ni siquiera tu oreja me dejaste, solo este tibio escozor de haberte tenido entre las piernas y esa mancha roja y nueva en mi piel de tigre... Una más, la primera de mi nueva colección. ¿Qué me dirás mañana, cuando me ría en tu cara durante tu clase? ¿Irás a clase sin tu oreja? Has aprendido algo nuevo hoy: ¿nos lo enseñarás? ¿Cómo enunciarás mi teorema?: «es alto el precio de los tigres», quizás. ¿Volverás por más?
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