lauflorcita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Infiernos y abismos
yacen sin permiso bajo mi almohada.
Adornan la noche
con ese plus de oscuridad,
el mismo que apareció una vez entre mis párpados,
cuando aún los años eran dulces
y la niñez parecía escabullirse por mis puños,
que inútilmente
se esforzaban por cerrarse.
Fue entonces cuando las pupilas de los infelices
cayeron atrapadas por mis ojos,
como en una trampera sin salida.
Y las verdades fueron una sola voz
que estalló en un grito,
acoplándose al eco en el vacío.
Quién supiera
que aún las voces me ensordecen,
perpetuadas
en mis oídos exhaustos
de tanta hipocresía.
yacen sin permiso bajo mi almohada.
Adornan la noche
con ese plus de oscuridad,
el mismo que apareció una vez entre mis párpados,
cuando aún los años eran dulces
y la niñez parecía escabullirse por mis puños,
que inútilmente
se esforzaban por cerrarse.
Fue entonces cuando las pupilas de los infelices
cayeron atrapadas por mis ojos,
como en una trampera sin salida.
Y las verdades fueron una sola voz
que estalló en un grito,
acoplándose al eco en el vacío.
Quién supiera
que aún las voces me ensordecen,
perpetuadas
en mis oídos exhaustos
de tanta hipocresía.
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