Franciscorex
Poeta recién llegado
Por bosque sinuoso, preludio amargo,
por lúgubre tiempo de pelo frío,
salido de invierno que huye largo
debajo de ojos que acalla el río.
Por mares profundos, total letargo,
no es más que el camino, cualquier estío.
Por verso, sin copa, por mero estarse
de voces que esperan de sal quemarse.
Llamando de acero la gota tensa,
subió la posible querencia mala,
se hace de acacias la nota densa,
de polvo marcamos flotar la ala.
De rubios esfuerzos la flor inmensa,
se cubre de dioses la blanca cala.
Llorando la acera por todo olvido
se añaden los años por piedra o nido.
Se dejan las horas cambiar las pieles,
se deja el impulso rozar su esfera,
ya forma la savia su atril de mieles,
conducen las tardes a un fin de cera.
Recuerdo de niño borrar los rieles
que manchan de vino la gris frontera.
El Todo es un reino tan quieto y muerto,
en donde el silencio rebota incierto.
por lúgubre tiempo de pelo frío,
salido de invierno que huye largo
debajo de ojos que acalla el río.
Por mares profundos, total letargo,
no es más que el camino, cualquier estío.
Por verso, sin copa, por mero estarse
de voces que esperan de sal quemarse.
Llamando de acero la gota tensa,
subió la posible querencia mala,
se hace de acacias la nota densa,
de polvo marcamos flotar la ala.
De rubios esfuerzos la flor inmensa,
se cubre de dioses la blanca cala.
Llorando la acera por todo olvido
se añaden los años por piedra o nido.
Se dejan las horas cambiar las pieles,
se deja el impulso rozar su esfera,
ya forma la savia su atril de mieles,
conducen las tardes a un fin de cera.
Recuerdo de niño borrar los rieles
que manchan de vino la gris frontera.
El Todo es un reino tan quieto y muerto,
en donde el silencio rebota incierto.