Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mirando el sol ocultarce
a travéz del horizonte,
se va perdiendo entre el monte
esa bella luz que esparce,
antes que llegue a agotarce,
la contemplo nuevamente
mientras que llega a mi mente
por la brisa transportado:
el recuerdo del pasado,
que sigue siendo presente.
Porque aunque sigas ausente
en mi corazón resides,
y que te extrañe consigues
ya que vives en mi mente.
De mi jardín fuiste fuente
y de mi cielo, un lucero,
en mi mar fuiste un velero
que tranquilo navegaste,
hasta mi puerto arribaste
y te acogió placentero.
Tu único amor verdadero
que en la distancia persiste,
y que a morir se resiste
como Cristo en el madero.
Un amor puro, sincero,
mi alma era tuya, sabías,
y aunque en mi amor no confías:
te seguiré añorando;
te he de continuar amando,
por el resto de mis días.
a travéz del horizonte,
se va perdiendo entre el monte
esa bella luz que esparce,
antes que llegue a agotarce,
la contemplo nuevamente
mientras que llega a mi mente
por la brisa transportado:
el recuerdo del pasado,
que sigue siendo presente.
Porque aunque sigas ausente
en mi corazón resides,
y que te extrañe consigues
ya que vives en mi mente.
De mi jardín fuiste fuente
y de mi cielo, un lucero,
en mi mar fuiste un velero
que tranquilo navegaste,
hasta mi puerto arribaste
y te acogió placentero.
Tu único amor verdadero
que en la distancia persiste,
y que a morir se resiste
como Cristo en el madero.
Un amor puro, sincero,
mi alma era tuya, sabías,
y aunque en mi amor no confías:
te seguiré añorando;
te he de continuar amando,
por el resto de mis días.