Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Porque sus ojos reflejan el capricho de dioses primigenios;
su inmortalidad, su etérea melancolía y su gloria olvidada.
Porque su voz son esas deidades, aferradas a su garganta
como serpientes, abrazándose para no perderse en el tiempo.
Porque sus labios son rosas sin mácula que tiemblan en mis sueños
al despojarse de su aparente pureza y hacerse aún más hermosas.
Su recuerdo corrompe cada resquicio de mi existencia rota,
porque su aroma lleva grabada la profanación de los Cielos.
Siento cómo esta adoración deprava dulcemente mi cordura
y cómo mi cuerpo se somete a la santidad de su perfección.
Me convierto en una sacerdotisa que se consagra a su Dios:
mi lengua pronuncia salmos que se deshacen en su cintura,
mis dientes tallan en su piel evangelios paganos y doctrinas
para ensalzarlo. Y de su boca bebo el anhelo de las deidades
hastiadas que aún palpitan en su mirada de tierra, miel y mares.
Deshazte, amor, del yugo celestial y dejemos que la agonía
nos alcance. He profanado este sagrado altar de carne e inocencia,
pero no temo mi expiación, pues he encontrado el Paraíso en la Tierra.
su inmortalidad, su etérea melancolía y su gloria olvidada.
Porque su voz son esas deidades, aferradas a su garganta
como serpientes, abrazándose para no perderse en el tiempo.
Porque sus labios son rosas sin mácula que tiemblan en mis sueños
al despojarse de su aparente pureza y hacerse aún más hermosas.
Su recuerdo corrompe cada resquicio de mi existencia rota,
porque su aroma lleva grabada la profanación de los Cielos.
Siento cómo esta adoración deprava dulcemente mi cordura
y cómo mi cuerpo se somete a la santidad de su perfección.
Me convierto en una sacerdotisa que se consagra a su Dios:
mi lengua pronuncia salmos que se deshacen en su cintura,
mis dientes tallan en su piel evangelios paganos y doctrinas
para ensalzarlo. Y de su boca bebo el anhelo de las deidades
hastiadas que aún palpitan en su mirada de tierra, miel y mares.
Deshazte, amor, del yugo celestial y dejemos que la agonía
nos alcance. He profanado este sagrado altar de carne e inocencia,
pero no temo mi expiación, pues he encontrado el Paraíso en la Tierra.