Gonvedo
Poeta asiduo al portal
Despertad aquellos que aún dormís,
abrid los párpados aún tibios del sueño,
levantaos tras la secular abstinencia
y la cruel vigilia, de lejos llega ya el hedor
que identifica a los cadáveres.
No es tiempo de silencio, ni de ofrendas,
ni de libaciones, amamantadas por ayes de nodriza,
que restablezcan el universo a su simetría,
ni siquiera de disponer la casa para otros huéspedes.
Derribad los viejos muros, piedra a piedra,
arrancándoles un último gemido.
No hallen las fieras hambre que saciar,
ni prisión, ni tumba, ni mano que piadosa
entregue a la muerte la rienda de sus días.
Si llegado un tiempo ha de arder Roma,
edénico palmar, ardan también sus colinas,
próceres, talares sotanas, tronos, nobles testas y coronas.
Pido para el homínido Caín, primus inter pares,
democrática memoria, masónico obelisco y esdrújulo compás...
por si acaso la Tierra fuera plana.
abrid los párpados aún tibios del sueño,
levantaos tras la secular abstinencia
y la cruel vigilia, de lejos llega ya el hedor
que identifica a los cadáveres.
No es tiempo de silencio, ni de ofrendas,
ni de libaciones, amamantadas por ayes de nodriza,
que restablezcan el universo a su simetría,
ni siquiera de disponer la casa para otros huéspedes.
Derribad los viejos muros, piedra a piedra,
arrancándoles un último gemido.
No hallen las fieras hambre que saciar,
ni prisión, ni tumba, ni mano que piadosa
entregue a la muerte la rienda de sus días.
Si llegado un tiempo ha de arder Roma,
edénico palmar, ardan también sus colinas,
próceres, talares sotanas, tronos, nobles testas y coronas.
Pido para el homínido Caín, primus inter pares,
democrática memoria, masónico obelisco y esdrújulo compás...
por si acaso la Tierra fuera plana.