Mis ojos en sus ojos, en medio, la amargura
y en su última palabra, el mundo detenido.
Después, volverme solo, solo...y el olvido
como un cuervo del tiempo, rondaba en su cintura.
y en su última palabra, el mundo detenido.
Después, volverme solo, solo...y el olvido
como un cuervo del tiempo, rondaba en su cintura.
Qué pasó aquella tarde?, no sé, fue tan oscura
la hora del adiós, que ya ni la recuerdo.
Tal vez yo fui inconciente, creyendo que era cuerdo,
quizás ella fue justa o demasiado dura.
la hora del adiós, que ya ni la recuerdo.
Tal vez yo fui inconciente, creyendo que era cuerdo,
quizás ella fue justa o demasiado dura.
Lo cierto es que esa tarde, cayó desde la altura
el amor que subimos, trepados a la infancia.
Y nos hicimos grandes, sabiendo a la distancia
que no existe renuncia, cuando el amor se jura.
el amor que subimos, trepados a la infancia.
Y nos hicimos grandes, sabiendo a la distancia
que no existe renuncia, cuando el amor se jura.
Después, yo no fui un santo, ni ella fue tan pura,
nos teñimos de invierno, perdiendo primavera.
Y al son de una canción, una tarde cualquiera,
me encontró y la encontré...porque el amor perdura.
nos teñimos de invierno, perdiendo primavera.
Y al son de una canción, una tarde cualquiera,
me encontró y la encontré...porque el amor perdura.
Marino Fabianesi
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