Minirrelato sobre la suculencia de lo que no debiera ser probado, bajo pena de sobrepeso; quizás lo veo alejado de los conceptos de microrrelato, no de minirrelato, una de las diferencias estriba en que el final puede dar lugar a varias interpretaciones, como es el caso. Pero debe haber un final tajante, y quizás ese "quizás" de la última línea, valiendo la redundancia a modo de juego de palabras, incita a creer en un continuará.
El micromundo del microrrelato es simplemente algo prometedor para la exacerbación del campo imaginativo del autor. El límite al menor número de palabras quizás nos debiera sugerir incluso la posibilidad de un epígrafe distinto todavía, un paradigma de microrrelatos, donde cada palabra se haya tenido que pagar a precio de oro y como valor en alza en el mercado de los diccionarios. Microrrelatos con una historia completa en tan solo 25 o 30 palabras. Un inicio, un desarrollo y un final. Al albedrío del autor queda dejar abierta a múltiples interpretaciones la historia. Lo que quedaría muy claro, es que cada palabra utilizada tiene que estar ampliamente justificada. La recreación de las escenas suele ser innocua y prescindible en ellas, historias del minimalismo creativo.
El desarrollo y poco más.
Aparte de todo ello, un estilo impecable de narrar, bastante rico por cierto en el léxico y el uso de la estructuras narrativas que se adivina dominas a la perfección. Aunque me falte algo en el final y me sobre descripción... para ser un micro. No para un minirrelato, por supuesto.
Te dejo un saludo y no te me acerques, que manchas... abrazos para otra ocasión, jajajajaja