Enrique Romero
Poeta recién llegado
¿Podrá acaso ignorarse los ojos del enigma que ocultan la niebla o la noche?
¿Podrá vaciarse el mundo en una copa demasiada pequeña para ser siquiera cierta?
¿Podré olvidarme al menos de lo más ínfimo de lo que alguna vez fuiste: beso o poema?
¿Podré ser yo incluso sin buscarte?
¿Alguien, acaso, podrá besarme con otros labios que no sean los tuyos
o podrá nutrir con tu misma savia amazónica mi corazón marchito como el negro fruto derramado del árbol muerto, y florecerlo en brazos del mediodía?
¿Podrá existir la madrugada que esperan las golondrinas, sin luz alguna; o el rocío tibio que despierta a las amapolas, si todas están marchitas?
¿Podrá vaciarse el mundo en una copa demasiada pequeña para ser siquiera cierta?
¿Podré olvidarme al menos de lo más ínfimo de lo que alguna vez fuiste: beso o poema?
¿Podré ser yo incluso sin buscarte?
¿Alguien, acaso, podrá besarme con otros labios que no sean los tuyos
o podrá nutrir con tu misma savia amazónica mi corazón marchito como el negro fruto derramado del árbol muerto, y florecerlo en brazos del mediodía?
¿Podrá existir la madrugada que esperan las golondrinas, sin luz alguna; o el rocío tibio que despierta a las amapolas, si todas están marchitas?