gilbran
Ernesto Salgari
Apenas vio el ocaso
que el día le soltó
su mano blanca
sacó un pañuelo tibio de arreboles
y enjugó sus ojos lilas,
vino un sollozo
a estremecer
la arbórea melodía
de un preludio que anunciaba
que la noche
hacía su entrada prometida.
Duerme
en el capullo de tu alma,
mi amor
crisálida encendida,
soñando el día
en que al abrir sus alas
le remonten a tus gracias
las brisas de una enamorada profecía;
cuando los astros
precipiten por tu cuello
y prendan
en la orquídea de tu pecho
el alma mía.
que el día le soltó
su mano blanca
sacó un pañuelo tibio de arreboles
y enjugó sus ojos lilas,
vino un sollozo
a estremecer
la arbórea melodía
de un preludio que anunciaba
que la noche
hacía su entrada prometida.
Duerme
en el capullo de tu alma,
mi amor
crisálida encendida,
soñando el día
en que al abrir sus alas
le remonten a tus gracias
las brisas de una enamorada profecía;
cuando los astros
precipiten por tu cuello
y prendan
en la orquídea de tu pecho
el alma mía.
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