Me gusta despertar
prisionera de tus labios
con tus besos en mis hombros,
¡tan cerca de nosotros!
Tus dedos tejiendo mis cabellos,
mis ojos abrochados a los tuyos,
después de atravesar la noche
con el cielo abrazado
a nuestras sombras.
Acurrucada a tu costado,
más allá del paraíso o del infierno.
Y amarnos en el oleaje de la luna
que nos contempla calladita
y nos sonríe.
Ana Mercedes Villalobos