Prójimo.

ALYA

Poeta fiel al portal
Un anciano dulce me ofreció su mano

esta mañana mientras caminaba,

él leyó en mis ojos la tristeza cruenta

de aquel que ha sentido que su Fe se acaba.


Una pordiosera me sonrió alegre

al ver que mis lágrimas secar intentaba

me decían sus ojos no estés triste niña

mira como el sol besa la mañana.


Un niñito tierno que vestía harapos

me alcanzó corriendo mientras me alejaba

me entregó una flor que encontró tirada

me dio de su tiempo a cambio de nada.


Una abuela sola camino a la iglesia

se acercó a mi acera y trajo su paragua

cubriendo mi alma, también mi cabeza

del chubasco amargo que me aletargaba.


Un obrero triste con cuerpo cansado

se sentó a mi lado y escuchó mis penas

las suyas más grandes él dejó olvidadas

y atendió las mías para él ajenas.



Una mujer viuda de ojos y voz grises

me prestó su llanto, también sus palabras

para que con ellos hiciera catarsis

y drenara todo el dolor de mi alma.


El anciano, el niño, la mendiga alegre

la abuela, el obrero y la viuda gris

prójimos, hermanos, amigos, dolientes

que me regalaron un poco de si.


Y es que lo mejor que puede ofrendarse

no son las riquezas, ni los grandes bienes

es darse uno mismo, sin que se lo pidan

cuando se precisa, dar lo que se tiene.
 
QUE PRECIOSO POEMA, UN MENSAJE PROFUNDO QUE ESCAPA A LO MATERIAL, ME AGRADO DE GRAN MANERA TU OBRA MUCHACHA, FELICITACIONES, SALUDOS.
 
ALYA, tu poema es una verdadera obra maestra,
una obra de exquisita orfebrería musical.
Y tienes mucha razón, si el que tiene un millón de granos da uno ¿qué mérito tiene?
Mas si el que no tiene nada nos lo da todo, para qué queremos más, un beso.
 
Última edición:
ALYA, tu poema es una verdadera obra maestra,
una obra de exquisita orfebrería musical.
Y tienes mucha razón, si el que tiene un millón de granos da uno ¿qué mérito tiene?
Mas si el que no tiene nada nos lo da todo, para qué queremos más, un beso.
Gracias Eladio muy valioso tu comentario, me recuerda uno de los personajes que mas me atrae de las parábolas de Jesús: la viuda pobre que dio lo único que tenia, su gran riqueza, me identifico con esa filosofía de vida.
 
"Nadie es tan pobre que no tenga nada para dar, ni tan rico que no tenga nada que recibir"... no se quien lo dijo, pero que razón tiene! Hermosos versos compañera. De una profundidad y musicalidad impecables. Un gusto leerte!
 
"Nadie es tan pobre que no tenga nada para dar, ni tan rico que no tenga nada que recibir"... no se quien lo dijo, pero que razón tiene! Hermosos versos compañera. De una profundidad y musicalidad impecables. Un gusto leerte!
Muchas gracias S.C por tu lectura, valoración y gratos comentarios.
 
Un anciano dulce me ofreció su mano

esta mañana mientras caminaba,

él leyó en mis ojos la tristeza cruenta

de aquel que ha sentido que su Fe se acaba.


Una pordiosera me sonrió alegre

al ver que mis lágrimas secar intentaba

me decían sus ojos no estés triste niña

mira como el sol besa la mañana.


Un niñito tierno que vestía harapos

me alcanzó corriendo mientras me alejaba

me entregó una flor que encontró tirada

me dio de su tiempo a cambio de nada.


Una abuela sola camino a la iglesia

se acercó a mi acera y trajo su paragua

cubriendo mi alma, también mi cabeza

del chubasco amargo que me aletargaba.


Un obrero triste con cuerpo cansado

se sentó a mi lado y escuchó mis penas

las suyas más grandes él dejó olvidadas

y atendió las mías para él ajenas.



Una mujer viuda de ojos y voz grises

me prestó su llanto, también sus palabras

para que con ellos hiciera catarsis

y drenara todo el dolor de mi alma.


El anciano, el niño, la mendiga alegre

la abuela, el obrero y la viuda gris

prójimos, hermanos, amigos, dolientes

que me regalaron un poco de si.


Y es que lo mejor que puede ofrendarse

no son las riquezas, ni los grandes bienes

es darse uno mismo, sin que se lo pidan

cuando se precisa, dar lo que se tiene.

Tu poema me ha conmovido mucho; la tristeza la percibe la gente, es el lado amable del ser humano, propio de sus genes
Saludos cordiales
 
Aprecio los versos con mucho sentimiento, y ese caminar de tristeza va recibiendo el calor
de una mano que se acerca con un gesto de bondad. Recibe un saludo cordial desde Venezuela.
 
Un anciano dulce me ofreció su mano

esta mañana mientras caminaba,

él leyó en mis ojos la tristeza cruenta

de aquel que ha sentido que su Fe se acaba.


Una pordiosera me sonrió alegre

al ver que mis lágrimas secar intentaba

me decían sus ojos no estés triste niña

mira como el sol besa la mañana.


Un niñito tierno que vestía harapos

me alcanzó corriendo mientras me alejaba

me entregó una flor que encontró tirada

me dio de su tiempo a cambio de nada.


Una abuela sola camino a la iglesia

se acercó a mi acera y trajo su paragua

cubriendo mi alma, también mi cabeza

del chubasco amargo que me aletargaba.


Un obrero triste con cuerpo cansado

se sentó a mi lado y escuchó mis penas

las suyas más grandes él dejó olvidadas

y atendió las mías para él ajenas.



Una mujer viuda de ojos y voz grises

me prestó su llanto, también sus palabras

para que con ellos hiciera catarsis

y drenara todo el dolor de mi alma.


El anciano, el niño, la mendiga alegre

la abuela, el obrero y la viuda gris

prójimos, hermanos, amigos, dolientes

que me regalaron un poco de si.


Y es que lo mejor que puede ofrendarse

no son las riquezas, ni los grandes bienes

es darse uno mismo, sin que se lo pidan

cuando se precisa, dar lo que se tiene.
Muy bonito poema, formato cuento con moraleja, muy bien escrita una idea bien pensada. Me ha gustado mucho Alya. Un abrazo. Paco.
 

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