Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Prometo apoyar muy firmemente
tus pies en el suelo
para evitar que caigas
en el hielo o el barro
de los fríos húmedos,
sobre lo que aparenta ser
un turbio ocaso.
Prometo escucharte
cuando me hables,
de lo cara que te resulta hoy
para ti la vida,
de las alzas injustas
en el precio de la leche,
de las bajas de las manos
sin caricias.
Prometo no olvidar ni recordar
la fecha exacta,
de este amor de calendario;
pues nada en ti
se me reduce a un día,
la vida en ti
se vuelve más que un árbol.
Prometo discutir
cualquier esquina,
cualquier lugar
en que no podamos vernos,
cualquiera sombra
en la que se pierda nuestra vista,
cualquier semáforo
que aniquile nuestro paso.
Prometo no servirte de amuleto
para darte suerte,
cuando reces en la iglesia
a ese Dios
que mete miedo a sus espejos;
prometo no ser Dios
ni regalarte alas;
no quiero que te eleves
ni te alejes;
prometo no ser aire
que te arrastre,
prometo no ser nube
que te ciegue.
No voy a reírme nunca
de tu llanto,
prometo reírme siempre
de tu risa.
tus pies en el suelo
para evitar que caigas
en el hielo o el barro
de los fríos húmedos,
sobre lo que aparenta ser
un turbio ocaso.
Prometo escucharte
cuando me hables,
de lo cara que te resulta hoy
para ti la vida,
de las alzas injustas
en el precio de la leche,
de las bajas de las manos
sin caricias.
Prometo no olvidar ni recordar
la fecha exacta,
de este amor de calendario;
pues nada en ti
se me reduce a un día,
la vida en ti
se vuelve más que un árbol.
Prometo discutir
cualquier esquina,
cualquier lugar
en que no podamos vernos,
cualquiera sombra
en la que se pierda nuestra vista,
cualquier semáforo
que aniquile nuestro paso.
Prometo no servirte de amuleto
para darte suerte,
cuando reces en la iglesia
a ese Dios
que mete miedo a sus espejos;
prometo no ser Dios
ni regalarte alas;
no quiero que te eleves
ni te alejes;
prometo no ser aire
que te arrastre,
prometo no ser nube
que te ciegue.
No voy a reírme nunca
de tu llanto,
prometo reírme siempre
de tu risa.