Concisa en cien sentencias de desarraigo con quien no ha merecido ser por más tiempo estrofa de tus versos. Punto y final incontestable. Buena y valiente pero leal forma de asir y asestar mandobles con el despecho. Sin veneno ni malquerencia, con las mismas artes y tesoros con que, se entiende, lo defendiste y guardaste en ese, ahora roto en mil pedacitos, pecho. Lo que revela alta conciencia y una personalidad que no se dobla ni parte. Seguramente no quedó ninguna duda en mayo, y para junio todo era pasado.
Un abrazo, excelentes versos que no pierden en ningún momento el punto de la brújula hacia donde se dispara su mensaje.