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Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →
Hola Angelcesar, el placer es mio por tu visita y gracias por tu generosas palabras que siempre son un aliento.Hermoso poema !!!!! Un placer pasar por tus letras
Uy, sabia... ¡Qué más quisiera yo! Es solo los años que llevo dando clase de lengua, que esas cosas son el pan nuestro de cada día.
Otro abrazo.
Guauu, es precioso tu poema Isabel, besitos.Inspirado en Árboles hombres
de Juan Ramón Jimenez
Yo también escuché que me hablaban los árboles
rompiendo los silencios que apacientan mis días;
buscando en soledades mis ansiados refugios,
los árboles me hablaron de sus viejas heridas.
Susurrantes contaban los secretos de amores
que guardaban sus troncos, ancianos eremitas,
y un murmullo de hojas se propagó en el viento,
árboles, hojas, fuentes, me hablaron aquél día.
¿Cómo iba a decirles que no deben hablarme
que soy solo una sombra solitaria y vencida?
Hoy que el sol me condena a vivir sin su luz,
se oye un crujir de versos, en mi voz mortecina.
¡Que no me hablen los árboles, ni murmuren las fuentes!
¡devolvedme el silencio para esta muerte mía!
Precioso poema, Isabel. Muy bueno -y triste- el cierre. Un abrazo, compañera.Inspirado en Árboles hombres
de Juan Ramón Jimenez
Yo también escuché que me hablaban los árboles
rompiendo los silencios que apacientan mis días;
buscando en soledades mis ansiados refugios,
los árboles me hablaron de sus viejas heridas.
Susurrantes contaban los secretos de amores
que guardaban sus troncos, ancianos eremitas,
y un murmullo de hojas se propagó en el viento,
árboles, hojas, fuentes, me hablaron aquél día.
¿Cómo iba a decirles que no deben hablarme
que soy solo una sombra solitaria y vencida?
Hoy que el sol me condena a vivir sin su luz,
se oye un crujir de versos, en mi voz mortecina.
¡Que no me hablen los árboles, ni murmuren las fuentes!
¡devolvedme el silencio para esta muerte mía!
¡Caramba Ramón! qué alegría que me das, te echaba de menos. Gracias por detenerte a leer, y por tu generoso comentario.Guauu, es precioso tu poema Isabel, besitos.
Gracia, querido Alonso, por cada una de tus palabras, porque tus comentarios son de los que nos llenan, si, yo también hablo con lo árboles, y me temo que, algunos días, hasta con las paredes ...Tú también los oyes; y te cuentan de sus heridas y de la vida que los envuelve... lo sabía.
Es un poema precioso, con una carga de soledad y de melancolía que se convierte en pura poesía y que habla por sí solo.
Los dos últimos alejandrinos me emocionaron...
Un caluroso abrazo, Isabel, que es todo un placer leerte siempre; y digo SIEMPRE.
Querida Lou, tú siempre con tu mirada bondadosa, repartiendo cálidos comentarios, que tanto bien nos hacen.Es un hermoso y melancólico poema impregnado de emoción y sentimiento. Te felicito porque escribes muy lindo siempre. Encantada de leerte. Saludos y Bendiciones.
Gracias Andrea, por tus generosas palabras que me reconfortan, si, es verdad tiene un cierre triste, esperemos que el próximo sea más alegre...Precioso poema, Isabel. Muy bueno -y triste- el cierre. Un abrazo, compañera.
Ja, ja, ja; de las paredes yo no he dicho nada, pero te confieso que también hablo con las piedras cuando tengo que hacer alguna calzada o alguna pared por allá por los montes… y les digo –os voy a poner aquí para el resto de mi vida; después no me vengáis con quejas, je je.Gracia, querido Alonso, por cada una de tus palabras, porque tus comentarios son de los que nos llenan, si, yo también hablo con lo árboles, y me temo que, algunos días, hasta con las paredes ...
Gracia por esa emoción que muestras en esos versos, ciertamente llevaban emoción, querido amigo.
El placer es mutuo, y ese SIEMPRE me ha llegado al alma.
Un cálido abrazo con todo cariño.
Isabel
Ja, ja, ja; de las paredes yo no he dicho nada, pero te confieso que también hablo con las piedras cuando tengo que hacer alguna calzada o alguna pared por allá por los montes… y les digo –os voy a poner aquí para el resto de mi vida; después no me vengáis con quejas, je je.
Abrazote de martes.
Si te siguen hablando los árboles es que son unos desobedientes parlanchines.jajaja Si, es que tal y como está la cosa, siempre metida en casa, me van a hablar hasta las paredes, ya veras ... hombre, lo árboles tienen sus cosas, son misteriosos y las hojas susurran con el viento; los bosque siempre encierran misterios; pero como me empiecen a hablarme las cosas, mal asuntillo jajaja.
Tú si que tienes altura de muchas clases, pero te descalzas para ir a la par, porque de amiga, ay, de amiga eres gigante.
Un abrazo
Si,¿ cómo no van a hablarme?, no sabes la de cosas que han escuchado en sus largas vidas y las hojas que no paran murmurar, sobre todo en el otoño; que ya en el suelo y todo protestan sin parar si las pisas.Si te siguen hablando los árboles es que son unos desobedientes parlanchines.
Y espero que aún no les contestes.
Besos
¡Que no me hablen los árboles, ni murmuren las fuentes!
¡devolvedme el silencio para esta muerte mía!
Lo dicho Vicente, cada comentario tuyo, un lujo, e inestimable, la huella que dejan tus palabras en este rinconcito de mis versos. Gracias.¿Se puede rizar un rizo? A lo mejor no es eso sino un fascinante encaje de bolillos que se enreda en las entretelas del alma.
Un abrazo, poeta.
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