Sorciere
Poeta recién llegado
¿Qué palabra…?
¿Qué palabra, heraldo de los volcanes
es esa que tornasola tus selváticas comisuras?
Será, al menos…
El fuego, aún, que por vorágines
mantiene vivos mis pies ágiles.
Aquí me tiento, azorado, oyéndola
en el escarmiento de su fugacidad;
una caricia tan aterida, sintiéndola
estoy prendado de su caducidad.
¿Qué palabra, ermitaño de montañas
es la que aterriza tu mente a los yermos?
Es, tan ancha y precisa…
En ella vuelan delirios, alondras
perturbadas por el sonido de sus rondas.
Tantos cielos azules que admirar
y ninguno atraviesa los recuerdos
Tantas esperanzas que albergar
y todas flotan vagas en mis entuertos.
Mis hojas se estremecen en el vacío
¡Ay, el yugo del futuro yace muerto!
¡Ay, me pesa el corazón de tanto brío!
¡Amor…!
Incluso el leve pálpito de tu voz en trechos
bastan para vencer la hojarasca de mi pecho.
¿Qué palabra, heraldo de los volcanes
es esa que tornasola tus selváticas comisuras?
Será, al menos…
El fuego, aún, que por vorágines
mantiene vivos mis pies ágiles.
Aquí me tiento, azorado, oyéndola
en el escarmiento de su fugacidad;
una caricia tan aterida, sintiéndola
estoy prendado de su caducidad.
¿Qué palabra, ermitaño de montañas
es la que aterriza tu mente a los yermos?
Es, tan ancha y precisa…
En ella vuelan delirios, alondras
perturbadas por el sonido de sus rondas.
Tantos cielos azules que admirar
y ninguno atraviesa los recuerdos
Tantas esperanzas que albergar
y todas flotan vagas en mis entuertos.
Mis hojas se estremecen en el vacío
¡Ay, el yugo del futuro yace muerto!
¡Ay, me pesa el corazón de tanto brío!
¡Amor…!
Incluso el leve pálpito de tu voz en trechos
bastan para vencer la hojarasca de mi pecho.