malco
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Equipo Revista "Eco y latido"
¿Quien si no tu?
¿Quién si no tú, la de mirada encendida , que con sus ojos cautiva,
dejando prendidas las llamaradas de la ilusión?
La que a tu paso embriagas, que con tu andar me desgarras
y lates profundo en mi corazón.
¿Quién si no tú, la que en mi endeble pecho me mantiene al acecho
y en insomnio perpetuo, mis sueños son humo, inciertos desvelos
que perforan y rasgan con gran desconsuelo mi débil razón?
La que en mis desvarios te siente y te palpa
y te siente tatuada muy hondo en el alma
inquietando mi calma, y el desasosiego me trae temor.
Son tus ojos, radiantes candiles, iluminados abriles,
dos soles candentes que alumbran mi amor,
son lunas de ocaso, luceros de paso
que caen despacio con raro fulgor,
son aves perdidas que lejanas emigran
y vuelven tardías al verano pasar,
y siendo el otoño y sus hojas caídas
sus flores marchitas de tanto esperar.
¿Quién si no tú, consagras lo inmenso, de mi íntimo adentro,
los deseos intensos que emergen e inundan las vastas almenas
de rocas labradas, donde escondo las penas de mi eterno sufrir?
Y un rumor lejano, un eco en el viento, un susurro de arena,
entre lazos tejidos con hilos boreales, anuncian discretos
que no sufra tanto, que estoy confundido, que apague mi llanto,
que al asomar la aurora envuelta en espumas y con su hechicera mirada
sobre una roca labrada, erguida y ansiosa me viene a esperar,
que ha padecido lo que yo he sufrido, sin saber de mi amar,
que un gorrión en su pecho, hizo su nido y le fue a confesar,
que sin ella, me siento perdido, como pobre mendigo se va mi vagar.
¿Quién si no tú, la de mirada encendida , que con sus ojos cautiva,
dejando prendidas las llamaradas de la ilusión?
La que a tu paso embriagas, que con tu andar me desgarras
y lates profundo en mi corazón.
¿Quién si no tú, la que en mi endeble pecho me mantiene al acecho
y en insomnio perpetuo, mis sueños son humo, inciertos desvelos
que perforan y rasgan con gran desconsuelo mi débil razón?
La que en mis desvarios te siente y te palpa
y te siente tatuada muy hondo en el alma
inquietando mi calma, y el desasosiego me trae temor.
Son tus ojos, radiantes candiles, iluminados abriles,
dos soles candentes que alumbran mi amor,
son lunas de ocaso, luceros de paso
que caen despacio con raro fulgor,
son aves perdidas que lejanas emigran
y vuelven tardías al verano pasar,
y siendo el otoño y sus hojas caídas
sus flores marchitas de tanto esperar.
¿Quién si no tú, consagras lo inmenso, de mi íntimo adentro,
los deseos intensos que emergen e inundan las vastas almenas
de rocas labradas, donde escondo las penas de mi eterno sufrir?
Y un rumor lejano, un eco en el viento, un susurro de arena,
entre lazos tejidos con hilos boreales, anuncian discretos
que no sufra tanto, que estoy confundido, que apague mi llanto,
que al asomar la aurora envuelta en espumas y con su hechicera mirada
sobre una roca labrada, erguida y ansiosa me viene a esperar,
que ha padecido lo que yo he sufrido, sin saber de mi amar,
que un gorrión en su pecho, hizo su nido y le fue a confesar,
que sin ella, me siento perdido, como pobre mendigo se va mi vagar.
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